13 de febrero de 2026

Historia del Carnaval de Mazatlán, el origen de una de las fiestas más grandes de México

Hablar de Mazatlán es hablar de música, de mar, de fiesta y, sobre todo, de uno de los carnavales más antiguos y emblemáticos de México.

Carnaval de Mazatlán

12 de febrero del 2026.- Hablar de Mazatlán es hablar de música, de mar, de fiesta y, sobre todo, de uno de los carnavales más antiguos y emblemáticos de México. Este año festeja 128 años de historia en su versión moderna, el Carnaval de Mazatlán no es solo una celebración, es una tradición que ha evolucionado junto con la ciudad y que hoy es reconocida a nivel internacional como una de las fiestas más importantes de América Latina.

 

Cada año, cinco días antes del Miércoles de Ceniza, el puerto sinaloense se viste de color, fantasía y cultura, pero esta gran fiesta tiene raíces arraigadas que se remontan a mucho antes de los desfiles y los espectáculos que hoy sorprenden a miles de visitantes.

 

De hecho, las celebraciones carnavalescas en Mazatlán existen prácticamente desde que se establecieron los primeros pobladores. Ya en el siglo XIX, los habitantes del puerto dedicaban los días previos a la Cuaresma a fiestas desenfadadas, música, máscaras y bromas colectivas como una forma de liberar tensiones antes del periodo de recogimiento religioso.

 

El registro más antiguo que se tiene data del 12 de febrero de 1827, cuando se organizó un «convite, mascarada y comparsa» en el que participaron incluso los soldados.

 

Con el paso de los años, una de las tradiciones más populares fueron los llamados «Juegos de Harina», que daban al carnaval un carácter rebelde, ruidoso y participativo. Grupos de personas enmascaradas recorrían las calles lanzando cascarones rellenos de harina, improvisando canciones, contando chistes y entrando a las casas para compartir el espíritu festivo. La ciudad incluso se dividía simbólicamente en dos bandos rivales, los del «Abasto» y los del «Muey», que organizaban batallas harina entre barrios, desplazándose en carretas y carruajes adornados con telas y banderas de colores chillantes.

 

Sin embargo, aunque estas prácticas eran sumamente populares entre la población, también generaban preocupación en las autoridades, que en repetidas ocasiones intentaron prohibirlas por considerarlas desordenadas. Los decretos no lograban acabar con la tradición, pues las celebraciones siempre encontraban la manera de volver a las calles. Fue entonces cuando surgió una solución que cambiaría para siempre la historia de la festividad: si no era posible eliminar la fiesta, había que transformarla. Así, la harina fue sustituida por confeti, serpentinas y maquillaje; los enfrentamientos entre barrios se convirtieron en desfiles alegóricos; y el carácter espontaneo el carnaval empezó a tomar organización. El evento dejó de ser visto como un problema y se convirtió en un asunto de interés público, hasta que el propio Ayuntamiento, que antes había intentado prohibirlo, empezó a financiarlo.

 

En ese contexto de transformación nació la versión moderna del Carnaval de Mazatlán. El 22 de febrero de 1898 marcó un antes y un después, cuando en la plazuela Machado se realizó el primer desfile organizado por un comité civil, conocido como la «Junta». Este hecho convirtió al Carnaval de Mazatlán en el más antiguo del país que se celebra de manera institucional bajo la organización de la sociedad. Aquella primera procesión estuvo integrada por carros y bicicletas adornadas que avanzaron entre la multitud. Para darle un tono satírico al festejo, Gerardo de la Vega fue proclamado «Rey de la Locura», rememorando la tradición de los antiguos carnavales europeos donde se parodiaba a la realeza.

 

Poco tiempo después, la celebración sumó nuevas figuras que se volverían esenciales para su identidad. En 1900 apareció por primera vez la figura de la Reina del Carnaval, representada por Wilfrida Farmer, quien en ese momento desempeñaba un papel más bien simbólico como consorte del rey. No obstante, la participación femenina pronto cobró un protagonismo mayor cuando, a principios del siglo XX, se estableció un concurso popular para elegir a la Reina mediante cupones recortables publicados en el diario El Correo de la Tarde, que debían depositarse en ánforas colocadas en distintos puntos de la ciudad. Este sistema desató una pasión colectiva, ya que diversos sectores sociales se involucraban apoyando a su candidata favorita.

 

Con el paso del tiempo, la fiesta también fue incorporando expresiones culturales que ampliaron su alcance más allá de la música y los desfiles. En 1928 se convocó a un concurso poético que dio origen a los Juegos Florales. De manera paralela, aunque en sus inicios el carnaval no estaba pensado para un público infantil, los organizadores buscaron hacer una fiesta familiar y para todos los gustos, por lo que en 1900 se realizó el primer desfile infantil, con pequeños participantes luciendo disfraces llenos de fantasía. Décadas más tarde, en 1968, la monarquía infantil se integró oficialmente al calendario.

 

Gracias a esta evolución constante, el Carnaval de Mazatlán se ha convertido hoy en un espectáculo de talla internacional que reúne tradición, arte, música en vivo, desfiles monumentales frente al océano, coronaciones, fuegos artificiales y alegría que envuelve a locales y visitantes. Sin embargo, a pesar de su crecimiento y modernización, la esencia sigue siendo la misma: una celebración nacida del pueblo, sumamente ligada a la identidad sinaloense.

 

De esta manera, en cada celebración del Carnaval, guarda la memoria de aquellos mazatlecos que recorrían las calles con máscaras, harina y ganas de celebrar. Visitar Mazatlán en Carnaval es, por lo tanto, disfrutar de una fiesta tradicional, donde más de un siglo de evolución ha convertido una celebración popular en un símbolo de orgullo local.

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