Banca empresarial LatAm: el gran salto del financiamiento
La banca empresarial en Latinoamérica está viviendo un momento particular. No es solo más de lo mismo. Hay operaciones que cambian la escala de lo que se puede financiar y, al mismo tiempo, una presión constante por acompañar mejor a las empresas, grandes y chicas.
JPMorgan y Santander lideran un financiamiento de entre 14 y 15 mil millones de dólares para el proyecto Argentina LNG. Es uno de los créditos privados más grandes de la historia del país. El gas de Vaca Muerta que se va a licuar y exportar. YPF, Eni y XRG como socios.
Bladex también metió la cuchara, con 125 millones de dólares para Southern Energy, el primer proyecto de exportación de GNL argentino. No es la misma magnitud, claro. Pero suma. Muestra que hay apetito por financiar activos reales, de largo plazo, en un país que hasta hace poco parecía casi intocable para este tipo de operaciones.
Y no es solo Argentina. En México, la Asociación de Bancos dijo que ya están listos para meter más plata en infraestructura. Energía, logística, lo que venga del Plan México. Hablan de una cartera enorme, de billones de pesos. Quieren respaldar el grado de inversión del país. La banca empresarial ahí no está mirando solo el balance de una empresa.

Después está el lado de las pymes. IFC y BBVA México cerraron una transferencia significativa de riesgo por casi 1.800 millones de pesos. Primera de este tipo entre ellos. La idea es simple: liberar capital regulatorio para que el banco pueda prestar más a las pequeñas y medianas. Y con un sesgo de género, un 25% orientado a empresas de mujeres. Eso también es banca empresarial. Aunque a veces se olvide.
FELABAN, por su parte, sacó su informe trimestral. Datos a marzo. Habla de los retos del financiamiento a pymes en toda la región. Y pone el dedo en la llaga de la morosidad. Argentina lidera con 7,3%. No es un número menor.
Todo esto junto pinta un panorama raro. Por un lado operaciones de miles de millones. Por el otro, la necesidad permanente de llegar mejor a las empresas que generan la mayor parte del empleo.
El peso real de los grandes proyectos
Cuando aparece un crédito de 15 mil millones de dólares, la conversación cambia. De repente la banca empresarial deja de ser solo líneas de capital de trabajo o leasing. Se vuelve una estructuración compleja, contratos de largo plazo, agencias de crédito a la exportación, bancos internacionales trabajando codo a codo con los locales.
Argentina LNG es el ejemplo más claro de estos días. Dos unidades flotantes, gasoductos, planta de líquidos. Exportaciones que podrían generar miles de millones al año. Y detrás, un sindicato de bancos que está armando la plata. JPMorgan y Santander al frente.
Estos deals no se cierran de un día para el otro. Llevan meses de due diligence, de idas y vueltas con los contratos de offtake, de negociar garantías. Lo mismo pasa, a otra escala, con el movimiento de la banca mexicana hacia la infraestructura. No es un anuncio vacío. Es la señal de que los bancos están dispuestos a sentarse en la mesa de proyectos que antes parecían solo de bancos de desarrollo.

Pymes: el otro lado de la moneda
Mientras tanto, las pymes siguen siendo el gran pendiente. Generan empleo, mueven la economía real, y todavía enfrentan barreras para acceder a crédito en condiciones razonables.
La operación de IFC con BBVA es interesante justamente por eso. No es un préstamo directo. Es una transferencia de riesgo. El banco se queda con la relación comercial, pero libera capital. Puede prestar más sin tener que levantar equity nuevo. Mecanismos como este empiezan a aparecer más seguido.
El informe de FELABAN lo dice sin rodeos: el financiamiento a pymes en América Latina sigue teniendo retos estructurales. Morosidad que sube en algunos países, tasas que no siempre acompañan, procesos que todavía se sienten pesados.
La banca empresarial no puede vivir solo de los grandes deals. Si no llega a las empresas medianas y chicas, se queda corta.
¿Cómo mejorar la experiencia digital en la banca empresarial?
Acá viene el punto que más se discute en los pasillos de los bancos. La experiencia digital. Las empresas ya no toleran lo que toleraban hace cinco años. Quieren abrir una cuenta sin mandar papeles de un lado a otro. Quieren ver su posición consolidada en tiempo real. Quieren pagar proveedores, gestionar liquidez, pedir un crédito, todo desde el mismo lugar. Y que funcione.
Muchos bancos todavía arrastran plataformas viejas. Interfaces que parecen de otra época. Procesos que obligan a la empresa a llamar o a ir a una sucursal para cosas que deberían resolverse en la app.
Mejorar eso no es solo poner una capa bonita arriba. Es rediseñar flujos. Es integrar sistemas. Es pensar en el día a día del tesorero o del dueño de la pyme que necesita resolver rápido.

En ese camino aparecen empresas, como es el caso de Veritran, que se especializan en digitalizar procesos bancarios de punta a punta, especialmente para el segmento empresarial. No solo para el cliente final, sino para que el banco pueda ofrecer una experiencia más ágil, más segura y más consistente a sus clientes corporativos.
Cuando la experiencia digital mejora de verdad, pasa algo interesante. Las empresas empiezan a concentrar más operaciones en un solo banco. La relación se profundiza. Y eso, a la larga, es mejor para todos.
No alcanza con tener una app. Hay que tener una app que el cliente realmente use porque le resuelve la vida.
Lo que viene
La banca empresarial en la región está en un punto de inflexión. Por un lado, los grandes proyectos energéticos y de infraestructura están atrayendo capital que hace años no se veía con tanta fuerza. Por el otro, la presión por digitalizar y por llegar mejor a las pymes no para.
Los bancos que logren hacer las dos cosas al mismo tiempo —estructurar deals complejos y, al mismo tiempo, ofrecer una experiencia simple y eficiente al cliente empresarial— van a sacar ventaja.
Ahora falta que esa plata y ese interés se traduzcan en relaciones más sólidas con las empresas de todos los tamaños. Porque al final, la banca empresarial se mide por eso: por cuánto acompaña el crecimiento real de las compañías que hacen girar la economía.
