18 de mayo de 2021
Servicio Social como oportunidad de desarrollo personal

Servicio Social como oportunidad de desarrollo personal

Por Omar Jesús Gómez Graterol

Como ciudadanos, jamás ponemos en duda la importancia que tiene la educación para un individuo pues es una de las mejores oportunidades que tiene de desarrollar la mayor parte de sus habilidades, destrezas y potencial como ser humano, logrando así ser útiles a sí mismos y para los demás.

En efecto, sabemos que quien tiene acceso a ésta, tiene mejores ventajas para desenvolverse en sociedad y alcanzar mejor calidad de vida.  Por ello, casi la totalidad de los padres o representantes hacen esfuerzos para que sus hijos ingresen al sistema de educación formal. De manera que es muy difícil encontrar a alguien que cuestione o se oponga a la existencia de instituciones educativas como las escuelas, institutos tecnológicos y universidades.

Sin embargo, lo que no está exento de cuestionamiento son los contenidos académicos o materias que se imparten en estas entidades. Algunas son muy cuestionadas por considerarse superficiales, anacrónicas, con lecturas sujetas a los intereses de ciertos actores sociales y/o políticos, entre otras múltiples falencias de los cuales los críticos suponen que adolece la educación.

Pero con todo y sus defectos, la ilustración académica es un recurso invaluable al que debe aspirar todo ser humano. Ya llegará el momento en el cual tenga la oportunidad de cuestionar lo que se le enseñó, así como retener aquello que le sea útil, y desechar aquello que le resulte un lastre.

Uno de los mayores recursos formativos que tiene la actual educación mexicana es la prestación del servicio social comunitario. Esta, sin duda, es una de las asignaturas menos valorada por los estudiantes, también muy criticada, pero que tiene mayor repercusión en la memoria de los mismos con el transcurrir de los años.

Es posible que con el paso del tiempo se les hagan difusos conceptos como “hiato”, “médula oblonga”, “seno”, “coseno” y un sinfín de términos que debe aprender en sus años como alumno, pero difícilmente se les olvidará la vívida experiencia del servicio social.

Esta práctica, cuyo promedio de duración es variable, es una circunstancia para que el educando salga del aspecto teórico del conocimiento y se ponga en contacto con otros aspectos de la realidad cotidiana que lo circunda pero que a veces es incapaz de percibir. Es también una ocasión en la que se pone a prueba el sistema de creencias, pensamientos y valores de la persona, por lo que no debe sustraerse a nada en esta experiencia.

Asimismo, es una posibilidad para que los participantes puedan retribuir a la sociedad parte de los beneficios que ésta le ha otorgado.

Recuerdo la oportunidad en la que, por razones de estudio, tuve que asistir a comunidades económicamente deprimidas. Fue una situación muy curiosa para mí, pues en ese momento pude ponerme en contacto con otras lógicas de pensamiento, cuestionar lo que yo asumía por “natural”, además de distinguir la diferencia entre “vivir” y “sobrevivir”. Entendí porque ciertas cosas que para mí eran prioritarias, para los moradores de estas zonas eran secundarias o ni siquiera les prestarían atención.

Con el propósito de estudiar las condiciones socioeconómicas de una colonia con características muy deplorables, una de las facultades de la universidad donde yo estudiaba aplicó un censo socio económico a los habitantes del sitio. Cuando recolectamos la totalidad de los datos, y los analizamos, me sorprendió que la gente no tuviera como prioridad la pavimentación de las calles. 

Yo estaba convencido de que había un error y que nos habíamos equivocado en algo al aplicar el instrumento de recolección de información, seguramente los entrevistados no habían comprendido bien las preguntas y por ello sus respuestas fueron equivocadas. Sin embargo, al estar en contacto con expertos en estudios poblacionales me di cuenta de que quien estaba errado era yo.

El problema radicaba en que cuando yo iba a ese asentamiento humano se me ensuciaban de tierra mis zapatos y por ello le daba prioridad a esta necesidad. Sin embargo, la gente que habitaba allí había crecido caminando en esas calles en tiempos de sequía y de lluvia por lo que evitar los calzados sucios no eran una prioridad.

Ellos necesitaban mejores transportes ya que debían caminar kilómetros para poder desplazarse a sus trabajos que distaban mucho de sus viviendas (esta comunidad quedaba en la periferia de la ciudad).

Asimismo, sufrían mucho por la falta de agua, de gas y de luz los cuales eran robados –como ellos mismos afirmaban-  por lo que era extraño que sus equipos (los que les costaba mucho adquirir) con frecuencia se les dañaran. También eran víctimas de violaciones, atracos y asesinatos de manera que la seguridad era aún mejor para ellos que cualquier otra cosa.

De acuerdo a lo expuesto, cuando un estudiante sale de su círculo tiene la oportunidad de tender un puente hacia el «otro» o los «otros» y conectarse con ellos.  Éstos dejan de ser unos desconocidos para convertirse en un «nosotros», permitiéndose así vivir una experiencia más profunda como sociedad y entenderla mejor en sus múltiples dimensiones.

Con esta práctica no se espera sacar tampoco filántropos o personas que se dedican 100% a lo social.  No obstante, es una eventualidad para que el estudiantado pueda percibir las diferencias sociales que existen y la necesidad de trabajar por todos, desde sus especialidades, para poder así avanzar como colectivo.

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