25 de julio de 2021

Historias de histeria en la posmodernidad | La casa de La Roma (los desarrollos)

Una horda de malvivientes cargando alcohol en una de las calles mas bonitas y tranquilas de la colonia Roma era la escena previa a la primera noche de destrucción en la casa que se adueñaron Don Ojo y El Gaviota

Año 1994

Año 1994

Una persona se puede equivocar muchas veces, pero hay dos condiciones para que cada error se convierta en un fracaso: que culpe a los demás de las desiciones tomadas y que no aprenda nada de esas experiencias. 

Jean Laplanche.

La casa de la Roma (los desarrollos)

(Aquí puedes leer la primera parte)

4.

Era sábado, se dirigían al Chopo, ahí siempre había chavas que querían desmadre con malvivientes. No pagaron el ruta 100, “Don Ojo» nunca pagaba nada y se robaba todo lo que podía, era como un tipo de impuesto que le cobraba a la sociedad por haber estado “en cana”.

Ya en Buenavista se sentaron junto a unas columnas que había al lado de la estación de ferrocarriles, Don Ojo se ponchó “un primo” (cigarro de marihuana y coca). Quemaron el primo y empezaron a caminar entre los puestos del tianguis. Se toparon a “la Fabiola” y a “la Chilindrina”, la neta no les hicieron jalón, porque  aunque también eran de familias clasemedieras, estaban muy “tiradas a la milonga”, hasta piojos tenían, eso sin contar que siempre andaban bien babosas por el activo, literal, se les escurría la baba de la boca, cosa diferente con “la Polla”.

“La Polla” se llamaba Katiushka, era una chava de 1.70, rubia, de ojos color miel, oriunda de Mexicali, y por si esto fuera poco, su apodo se debía a la banda de punkrock español La Polla Récords, ¿podría haber algo mas cool que eso?.

«Polla, jálate unas morras, tenemos cantón en la Roma para hacer desmadre, está chido», sugirió Don Ojo.

La polla andaba con “el Micro” y “el Gato”, dos punks de esos de mohawk de colores que se peinaban con grenetina, soplándole duro con una cartón para dejarla bien tiesa, si bien no eran morras, la neta eran dos güeyes bien chidos, así que los invitaron a su residencia. Se compraron unas caguamas que les sirvieron en bolsa de plástico , ya es redundante que lo mencione, siempre era así, y se instalaron en el mismo pilar de la estación de ferrocarril a fumarse otro primo, pero  este tenía más “perico” que el anterior, la coca fumada pone mas fuerte

Andaban “matando” el primo cuando llegó “El Toñito”. «¡Qué transa la banda!», mató la chora del primo y se dirigieron en camión a la casa de la Roma.

Bajaron del camión y se dividieron en dos equipos, uno se encargaría de comprar alcohol y el otro de “venadear” la situación en la calle de la casa, los sábados no había cuida coches o al menos se iban muy temprano.

“Gaviota” jaló con “Don Ojo” y “La Polla”, principalmente porque les daba hueva cargar los “chescos” y los “alipuses”. La calle se encontraba vacía, absolutamente vacía, en un primer movimiento con una cuña que no sé de donde chingados sacaba pero que siempre sacaba, “Don Ojo” abrió las persianas que ya estaban “trabajadas”, y se siguió de largo, como si nada, como quien se espanta un mosquito y sigue caminando.

En un segundo movimiento “Gaviota” se colocó bajo la persiana abierta en posición de cunita, la Polla subió y entró a la casa, después “Don Ojo” hizo lo mismo y al final desde arriba él  jaló a “Gaviota” y entró también .

“El Gato”, “el Micro” y “el Toñito” tardaron en llegar porque se aventaron un talón para comprar tortas, después de un par de primos y cuatro caguamas ya hacía hambre. Mientras tanto, adentro de la casa, elegían la habitación en la cual irían a departir. Un chiflido les indicó que el resto de la pandilla había llegado, tiraron el respectivo “dieciocho” y los jalaron desde arriba para meterlos a la casa. 

«¡De a burguesitos, putos, siempre he dicho que son malvivientes fresas, gatitos de angora!», comentó “el Gato” mientras le rolaba su caguama a “Gaviota” y cantaba “guerreros de la calle, guerreros del slam, guerreros de la calle, guerreros del slam” de Síndrome del punk.

“El Toñito” abrió las hostilidades. Sin decir agua va, desgarró una manga de su camisa y de su mochila sacó una lata de activo, repartió pedazos de tela y con una gran gentileza les mojó las monas a quien se lo solicitó.

Por otro lado “el Gato» y “Gaviota” eran más de alcohol, y con un refresco de toronja, hielos y un Tonayán se prepararon una refrescante “bebida espirituosa».

—¿Y La Polla?, ¿dónde chingados está “La Polla”?

—¡Acá está!

“Gaviota” caminó a asomarse a uno de los cuartos y “La Pollita” se estaba inyectando sus Refractyl.

Lo de “Don Ojo» por otro lado era el perico, pero el perico es una droga muy especial, es más cara, rinde poco y por lo tanto no es algo que se le ande ofreciendo sin más ni más a la gente, menos a gente que le da lo mismo inyectarse gotas para los ojos o tomar Tonayán, pero como “Gaviota” era el mero valedor del Don Ojo,  desde el sótano de la casa se escuchó un grito.

«Gaviota, ven rápido»,  sacó un tremendo pelotón de coca,  medida conocida en los bajos mundos como “un ocho”, y pues ¿quién era ”Gaviota” para despreciar la cordialidad de un buen amigo?, así que se armó el “rayódromo” y como por unos cincuenta minutos se dedicaron a inhalar cocaína.

—Ya, güey, hay que guardar para al rato, no le digas a nadie que traigo

—¡Sí, a huevo!

Volvieron a la planta alta de la casa y la banda ya andaba “bien cotorra”, carrilla por acá, aventuras por allá, “maltripeo” para los punks que no eran punks, otra monita, otro traguito, otro gallito.  

Llegó la hora de ir a la glorieta, pero tenían que ponerse de acuerdo en algo: si querían que esta casa les durara, deberían manejar algo parecido a un bajo perfil, que en este caso significaba no hacer reuniones tumultuosas. Lo platicaron y llegaron a ese acuerdo, solo ellos irían a esa casa.

5.

Escala en el Oxxo:

—Ese mi Ayax

—¡Qué transa Gaviota

-Una cagua de las heladas, por favor

—Si ya sábanas pa´que cobijas

—Me la apuntas

—(chiflido que indica aprobación)

La glorieta ya estaba poblada, al menos la parte de la glorieta que les interesaba, las chavas llevaban puestos los trapitos que se fueron a comprar al Chopo, la pandilla de Indios Verdes era hostil, siempre andaban buscando a quien romperle la madre, les calentaban el terreno, si bien es cierto que nunca tenían pedos con la autoridad, tampoco había que “pasarse de chorizo”.

“El Roto» era el «punk alfa” de esa pandilla y siempre, siempre, siempre, quería tirar vergazos… y  ahí estaba el culero.

«Ahí anda el Roto, vamos por alcohol y nos vamos a la casa, que se quede ahí ese hijo de su puta madre» le dice al oído “Gaviota” a “Don ojo”

«A huevo, deja le digo a’la Lucero, al Rambo, al Yorch, a la Rubí y a la Yolanda».

Partió un grupo de treinta personas, más o menos (parece que el significado de bajo perfil para estos muchachos  significaba lo contrario) rumbo al Siempre Abierto, se compró —considero yo— el licor suficiente para poner pedas a unas cien personas, hielos, cigarros, refrescos y botanas diversas.

Caminaron unos diez metros y en Pomona giraron a la izquierda, sin exagerar, eran una horda de malvivientes cargando alcohol en una de las calles mas bonitas y tranquilas de la colonia Roma.

Repitieron la operación de ingreso a la casa, sólo que esta vez habrá durado unos diez minutos, y el escándalo de las risas, pujidos y gritos seguramente llamaron la atención de más de uno. Al fin entraron a la casa y se distribuyeron en grupitos tal como lo hacían en la glorieta.

Los punks, los “rockanroñosos», los jóvenes, los “viejos”, los “grifos”, los pedos, los “cocos”, los “activos”, los “gotinosos”, los de la periferia, los de la Roma… Había suficientes cuartos, espacios, lugares, recovecos en la casa para que esta distribución se diera de forma bastante orgánica, con el único detalle que entre más partes de la casa ocupasen, iba a suceder los mismo con el escándalo

Para no hacer el cuento largo, la gente que normalmente a determinada hora solía partir hacia su “gueto” vio la posibilidad de no irse, al final la casa era de todos (según ellos), cosa que “Gaviota” y “Don ojo” no compartían ni de cerca.

Al siguiente día la fauna antes mencionada seguía ahí, “Gaviota” ya se  había ido a dormir  a su cuarto, porque tenía su cuarto. Al despertar comprobó que incluso había gente nueva que no estaba en la noche, por ejemplo, había un paramédico (ambulancia estacionada en la calle y todo) inyectándole mierda y media a quien se lo pidiera, chavas que daban la impresión que del talón  nocturno se pasaron a la fiesta, y al parecer nadie tenía la intención de largarse. 

En un golpe de autoridad “Gaviota” le dijo a todos, subido en la parte alta de la escalera, que iba a salir y que no quería a nadie ahí cuando volviera, que se iban a joder el poder usar la casa y que se salieran discretamente. “Gaviota” salió a bañarse y a comer. Efectivamente al regresar no quedaba nadie, fue por unas bolsas de basura, un Fabuloso y una jerga.

Después salió por unos tacos de suadero y se regresó a la casa a dormir en santa paz.

Continuará…

*Los nombres y algunas circunstancias fueron modificadas para proteger la identidad y privacidad de los involucrados
**Las ideas contenidas en este texto son responsabilidad de su autor y no reflejan la postura de News Report MX

Gabriel Zamora Paz (@DrGabboes Psicólogo por la UABC, Maestro en epistemología y doctor en Psicoanálisis Lacaniano.

Gabriel Zamora Paz

Cuenta con 20 años dedicado a la actividad clínica como psicoterapeuta primero, cómo psicoanalista desde hace 6 años y trabajó 6 años como académico en la UPN.

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