El Papa al clero romano: establezcan amistades y tengan cuidado con la envidia
En un intercambio con los presbíteros romanos, el Papa respondió a inquietudes sobre el acompañamiento de los jóvenes y la envidia clerical.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
El acompañamiento de los jóvenes heridos y sedientos de Dios, la evangelización en una cultura postmoderna atravesada por la inteligencia artificial, la fraternidad sacerdotal frente a la tentación de la envidia y el sentido espiritual de la ancianidad y la enfermedad marcaron el diálogo del Papa León XIV con el clero de la diócesis de Roma, celebrado el jueves 19 de febrero en el Aula Pablo VI y publicado este viernes 20.
En un clima de escucha, el Pontífice ofreció orientaciones concretas y espirituales, insistiendo en la cercanía, la oración, la iniciativa pastoral y la vida fraterna como antídotos contra la soledad y la superficialidad pastoral.
Acompañar a los jóvenes: cercanía, testimonio y amistad con Jesús
Al responder sobre las dificultades y tentaciones del ministerio entre los jóvenes, el Papa subrayó la compleja realidad familiar y afectiva de las nuevas generaciones y la necesidad de un acompañamiento realista y cercano.
“El sacerdote que acompaña a estos jóvenes significa también conocer su realidad, estar cerca en ese sentido, acompañarlos, pero no ser solo uno más entre los jóvenes. También esto es importante: el testimonio del sacerdote”.
El Papa remarcó que el presbítero debe ofrecer no solo actividades, sino una experiencia viva de fe:
“Ser amigo de Jesús podrá realmente llenar su vida. Pero esto significa que el sacerdote mismo vive una vida de amistad con Jesús, para ofrecer no solo un ejemplo sino una experiencia de vida que podría cambiar la vida de los jóvenes”.
Frente al aislamiento creciente -acentuado por la cultura digital- invitó a crear espacios reales de encuentro:
“Con el famoso smartphone viven solos aunque digan: ‘mi amigo está aquí’, pero no hay contacto humano… Hay que buscar cómo ofrecer otro tipo de experiencia de amistad, de compartir y, poco a poco, de comunión.”
Evangelizar hoy: conocer la realidad y evitar respuestas prefabricadas
Sobre la inculturación del Evangelio en contextos urbanos cambiantes, el Pontífice advirtió contra los esquemas repetidos sin discernimiento.
“Si quieres amar a alguien debes primero conocer. Si quieres amar y servir a una comunidad es muy importante conocerla”.
El Papa alertó contra la tentación de aplicar recetas pastorales sin leer el contexto:
“No puedo aportar continuidad: si me cambian de una parroquia a otra, pensar: «Esto funcionó allí, sigamos haciendo lo mismo».”
También abordó directamente el impacto de la inteligencia artificial en la vida sacerdotal, con una advertencia clara:
“Resistan a la tentación de preparar las homilías con la inteligencia artificial… Para hacer una verdadera homilía, que es compartir la fe, la IA nunca llegará a poder compartir la fe”.
A su vez, explicó que «al igual que todos los músculos del cuerpo, si no los utilizamos, si no los movemos, mueren, el cerebro necesita ser utilizado, por lo que también nuestra inteligencia, vuestra inteligencia, debe ejercitarse un poco para no perder esta capacidad».
Y puso el acento en la vida interior como base de toda inculturación auténtica:
“Parte de la respuesta es la importancia de una vida de oración… el tiempo de estar con el Señor… Con una vida auténticamente arraigada en Él podemos ofrecer algo que no es nuestro”.
Fraternidad sacerdotal: combatir la “envidia clerical”
Asimismo, se refirió a lo que llamó una “pandemia” dentro del clero: la envidia.
“Se llama la ‘envidia clerical’: cuando un sacerdote ve que otro ha sido llamado a una parroquia más grande o a un encargo mejor, y se rompen los vínculos… con chismes y críticas. Se destruye en vez de construir”.
El Papa fue tajante al comparar enemistad e indiferencia:
“No sé qué es peor: ser enemigo o ser indiferente hacia el otro”.
Propuso caminos muy concretos: grupos estables de encuentro entre sacerdotes, oración común, estudio permanente y convivencia fraterna.
“Si me quedo aquí sentado diciendo: «Nadie viene a visitarme» —algunos de vosotros podéis estar en esta situación—, no tengamos miedo de llamar a la puerta del otro, de tomar la iniciativa, de decirles a nuestros compañeros o a un grupo de amigos: «¿Por qué no nos reunimos de vez en cuando para estudiar juntos, reflexionar juntos, tener un momento de oración y luego disfrutar de una buena comida?».”
Y añadió:
“No será con todos —somos distintos—, pero sí con algunos con quienes haya confianza… para no encontrarte solo”.
También insistió en la formación continua:
“El estudio en nuestra vida debe ser permanente… Es triste cuando alguien dice: ‘No he abierto un libro desde que salí del seminario’”.
Sacerdotes ancianos y enfermos: gratitud, humildad y misión de oración
En la última parte del diálogo, León XIV abordó la situación de los sacerdotes mayores, muchos marcados por la enfermedad y la soledad, proponiendo una espiritualidad de gratitud y aceptación.
“Hay que prepararse en la vida para aceptar la edad, la enfermedad y también la soledad”.
Subrayó que una vida vivida en comunión prepara para esa etapa:
“Sin embargo, si uno ha vivido toda una vida con un cierto espíritu de diálogo, amistad, comunión y fraternidad, en realidad se pueden encontrar respuestas muy concretas a esta experiencia de estar solo y enfermo, por ejemplo.”
Además, lamentó que hay personas que ya de jóvenes viven con cierta amargura, nunca han sabido vivir experiencias de amistad, de fraternidad o de comunión. Y así, ya desde jóvenes, o desde la mediana edad, están inmersos en la amargura, «nunca contentos con nada y siempre con este espíritu un poco negativo».
Ante la cultura del descarte y el debate sobre el final de la vida, pidió coherencia testimonial:
“Debemos ser los primeros testigos de que la vida tiene un grandísimo valor”.
Recordó además el papel activo de los sacerdotes ancianos:
“Aunque estén enfermos en cama, su oración puede ser un gran servicio, un gran don. Su vida todavía tiene un gran sentido”.
Y animó a no descuidar el acompañamiento espiritual:
“No tengamos miedo de continuar la bella práctica del acompañamiento espiritual… tener a alguien que te conozca profundamente es un gran don”.
Caminar juntos como presbiterio
Al concluir, el Papa expresó su gratitud por el encuentro y reiteró la necesidad de un estilo sinodal también dentro del clero:
“No solo un programa escrito, sino un auténtico espíritu de fraternidad y de compromiso para hacer juntos nuestra misión de servir en la Iglesia”.
Finalmente, deseó a los sacerdotes un fecundo camino cuaresmal, “tiempo de conversión y de alegría”, e impartió su bendición.
