22 de junio de 2026
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La guía de Monte Nevado para proteger al jamón de la humedad y las altas temperaturas

La centenaria casa jamonera Monte Nevado, ofrece las claves para respetar este producto vivo y asegurar su sabor, aroma y jugosidad.

Monte Nevado

Carbonero el Mayor (Segovia), 22 de junio de 2026.- Con la llegada del verano, el jamón registra uno de los momentos de mayor consumo del año, consolidándose como uno de los grandes placeres para compartir en la época estival. Las altas temperaturas exigen prestar más cuidado a su conservación para disfrutarlo plenamente y garantizar que mantenga intacto su equilibrio natural. La centenaria casa jamonera Monte Nevado, experta en curaciones de larga duración y consolidada como la marca de jamón más galardonada por los Premios Alimentos de España, ofrece las claves para respetar este producto vivo y asegurar su sabor, aroma y jugosidad.

 

El jamón curado es un producto que respira, evoluciona y continúa desarrollando matices incluso después de abandonar el secadero. Por este motivo, una correcta conservación en casa resulta fundamental para evitar la aparición de ácaros y asegurar que la pieza mantenga su calidad durante semanas. En Monte Nevado, este cuidado comienza desde el origen a través de métodos tradicionales y una curación lenta y prolongada, superior a los estándares habituales. Este proceso otorga a cada pieza una mayor estabilidad natural, permitiendo que el aroma evolucione mejor tras el corte y la textura permanezca jugosa frente a las condiciones ambientales variables.

 

Para quienes optan por la pieza entera con hueso el primer paso es retirar por completo la funda o el embalaje para que el producto respire. El jamón debe colocarse en un soporte firme, situado en un espacio fresco, seco y protegido de la luz directa, manteniendo una temperatura constante entre 18 °C y 25 °C. Es crucial evitar los ambientes húmedos o la cercanía a fuentes de calor en la cocina, ya que alteran la estructura de la carne y la calidad de la grasa. Se puede mantener a temperatura ambiente, pero siempre es conveniente que no supere los 26 °C ni se exponga a espacios húmedos o poco ventilados.

 

La protección de la superficie de corte es esencial para frenar la deshidratación y oxidación, especialmente en verano, cuando las altas temperaturas harán que el corte se reseque y oxide y tendremos que eliminarlo antes de volver a cortar de nuevo. Una opción habitual es cubrir la zona con finas láminas de su propio tocino, quitando el exterior amarillo previamente y extrayendo finas láminas para cubrir el corte, lo que genera una película impermeable protectora. Sin embargo, en verano este método exige renovar la grasa con frecuencia para evitar que se oxide y transfiera sabores no deseados. La alternativa sería el uso de film plástico transparente bien adherido a la carne para no dejar burbujas de aire, complementado con un paño de algodón limpio por encima si el jamón no se encuentra en un lugar oscuro.

 

Cuando se opta por jamón loncheado o recién cortado, la refrigeración es indispensable en la época estival. Tanto los sobres o blísteres comerciales como los excedentes de un plato deben protegerse con film o en un envase hermético y conservarse en el frigorífico para mantener intactas todas sus cualidades.

 

Desmontando mitos

Uno de los fallos más comunes cuando suben las temperaturas es consumir el jamón loncheado directamente del frigorífico. El frío apaga temporalmente las cualidades organolépticas del producto, endurece la carne e impide que la grasa se funda correctamente en el paladar. Para disfrutar de toda su expresividad, es indispensable atemperarlo: basta con sacar el envase o el plato unos diez minutos antes de servir para que alcance de forma natural su temperatura óptima.

 

Asimismo, Monte Nevado señala otros descuidos habituales en los hogares, como retirar por completo la corteza y el tocino exterior, que ejercen de protección natural de la pieza. Solo se debe ir puliendo el jamón a medida que vaya avanzando el corte, nunca por completo desde el principio. También es frecuente alarmarse ante el moho blanco o grisáceo que aparece en la superficie, que lejos de indicar un deterioro, es un signo natural de su evolución que se soluciona fácilmente limpiando la zona con un paño seco o mojado en aceite de girasol. Evitar estos pequeños deslices garantiza que el jamón mantenga su autenticidad intacta durante todo el verano.

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