Cada vez vivimos en espacios más pequeños y el diseño tiene que adaptarse
Para ESDESIGN, los departamentos pequeños, están obligando a replantear la manera en que se diseñan los espacios, los muebles y los objetos.
México, 8 de julio de 2026 – Cada vez más mexicanos viven en departamentos más pequeños, no por elección, sino como consecuencia del encarecimiento del mercado inmobiliario. Mientras el precio de las viviendas adquiridas con crédito hipotecario aumentó 8.7% anual, de acuerdo con la Sociedad Hipotecaria Federal, el tamaño promedio de los nuevos departamentos en la Ciudad de México pasó de 76 a 56 metros cuadrados en apenas una década, una reducción de 26%, según Alfa Inmobiliaria.
Para ESDESIGN, Escuela Superior de Diseño de Barcelona, este escenario está obligando a replantear la manera en que se diseñan los espacios, los muebles e incluso los objetos de uso cotidiano. «La reducción del tamaño de las viviendas está transformando la manera en que entendemos el diseño de interiores. Hoy, un espacio bien diseñado no es el que incorpora más elementos, sino el que resuelve mejor las necesidades cotidianas de quienes lo habitan. Por eso, el diseño funcional deja de ser una tendencia para convertirse en una necesidad en las ciudades contemporáneas.»
La presión sobre el mercado inmobiliario responde a distintos factores, entre ellos el incremento en el precio del suelo, la preferencia por vivir cerca de centros de trabajo y servicios, así como el crecimiento de hogares unipersonales y de parejas sin hijos. En conjunto, estas tendencias han llevado a los desarrolladores a privilegiar la ubicación sobre el tamaño de las viviendas.
El propio mercado refleja ese cambio, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) estima que 5.8 millones de hogares viven actualmente en renta en México, una cifra que continúa creciendo conforme el acceso a la vivienda propia se vuelve más complejo. Paralelamente, el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI) financia desarrollos de apenas 42 metros cuadrados, mientras que el promedio de las viviendas nuevas en la capital ronda los 56 metros cuadrados.
Esta reducción también está modificando la forma de diseñar los interiores, con cocinas integradas con la sala, habitaciones de menos de nueve metros cuadrados, muebles plegables, mesas extensibles, camas con almacenamiento y espacios multifuncionales comienzan a convertirse en soluciones habituales para responder a las limitaciones del espacio.
El cambio no es nuevo, pero sí se aceleró tras la pandemia, de acuerdo con INEGI, el 26.6% de los hogares mexicanos identificó la necesidad de adaptar, remodelar o construir algún espacio dentro de su vivienda después del confinamiento, cuando salas, comedores y recámaras tuvieron que funcionar simultáneamente como oficinas, escuelas y espacios de convivencia.
«Cuando los espacios se reducen, el verdadero reto del diseño deja de ser estético y se convierte en funcional. Hoy, el valor de un espacio no depende de sus metros cuadrados, sino de qué tan bien responde a las necesidades de quienes lo habitan. Por eso, aspectos como la distribución, la ergonomía y el almacenamiento cobran un papel cada vez más relevante», señala el especialista de ESDESIGN.
Este enfoque responde a los principios del diseño funcional, una metodología que prioriza la utilidad, la usabilidad y la resolución de necesidades antes que la estética. En lugar de incorporar más elementos, busca eliminar obstáculos, optimizar recorridos y hacer que los objetos y espacios respondan de manera intuitiva al comportamiento de las personas.
Las cifras muestran que esta tendencia seguirá ganando relevancia. Según ONU-Hábitat, para 2030 el 83.2% de la población mexicana vivirá en ciudades, donde el crecimiento urbano continuará presionando la demanda de vivienda y la disponibilidad de suelo. En paralelo, Data México reporta que el comercio minorista de muebles para el hogar ya suma 44,713 unidades económicas en el país, un mercado que comienza a orientarse hacia soluciones más versátiles y adaptables para responder a los nuevos estilos de vida urbanos.
Para los especialistas, el desafío ya no consiste únicamente en construir más viviendas, sino en diseñarlas mejor. En un contexto donde cada metro cuadrado adquiere mayor valor, el diseño funcional dejará de ser un atributo diferenciador para convertirse en un elemento indispensable para mejorar la calidad de vida en las ciudades del futuro.
