«Luchita», un legado de 42 años de solidaridad, empatía y vocación en el Voluntariado IMSS
María de la Luz Carmona de Elizarraráz «Luchita» dedicó más de la mitad de sus 82 años de vida como miembro del Voluntariado del IMSS.
Ciudad de México, viernes 28 de agosto de 2026.- María de la Luz Carmona de Elizarraráz «Luchita» dedicó más de la mitad de sus 82 años de vida a ayudar a los demás como miembro del Voluntariado del IMSS, donde se desempeñó como tesorera, coordinadora, delegada voluntaria, tallerista, entre otras funciones, pero siempre, desde la primera vez que se puso el uniforme de voluntaria, dispuesta a dar la mano a quien lo necesitara.
Ingresó al Voluntariado del IMSS en 1984 motivada por su altruismo innato, recorrió todo el país, visitó pacientes en hospitales, impartió talleres para la elaboración de artesanías y contra las adicciones, tanto en comunidades rurales como reclusorios.
«Ayudar, siempre me ha gustado ayudar, a lo que se pueda ayudar. Entré con miedo porque era una cosa nueva para mí y me fui acoplando poco a poco con las compañeras y a los dos meses ya era tesorera del Hospital de Especialidades del Centro Médico Siglo XXI, el primer hospital donde participé. Ya de ahí me fui acostumbrando a subir a piso, a ver pacientes», dijo desde la sede del Voluntariado del IMSS, en Ciudad de México.
«Luchita» se describía como una mujer alegre, escandalosa, con voz fuerte, pero muy sociable, buena compañera y solidaria con las nuevas voluntarias que se integraban a este organismo del IMSS encargado de fomentar el bienestar de los pacientes hospitalizados y familiares cuidadores a través de programas sociales y acciones, dirigido actualmente por la doctora Alejandra Aburto de Robledo.
Con 42 años de trayectoria altruista, era la única «Voluntaria Diamante» a nivel nacional dentro del Voluntariado, la de mayor experiencia. Colaboró recientemente en el programa Soy Rosa IMSS, ayudando en la elaboración de prótesis mamarias para pacientes con cáncer de mama. Era licenciada en Contaduría, pero también llegó a estudiar Psicología, Tanatología, macramé, baile; sus intereses eran diversos pero cada cosa que aprendía la empleaba en beneficio de las personas, enseñando.
«Estoy muy contenta y voy a seguir hasta que el de allá arriba nos diga hasta aquí llegaste, hasta aquí llegué. Ese es mi modo de pensar», decía como filosofía de vida.
Su mejor consejo para las nuevas generaciones de voluntarias es el ejemplo que dio en vida de la vocación que se necesita para llevar los valores del Voluntariado IMSS a su máxima expresión: compromiso, honestidad, solidaridad, equidad, vocación y empatía. A ellas decía: sean responsables, trabajen en equipo, con respeto, ayuden y ayúdense.
A Luchita siempre la motivó seguir ayudando, ser un ejemplo para su hija, sus dos nietos, honrar la memoria de su esposo y contribuir para que los pacientes y sus familias tengan algo de paz en los momentos difíciles.
Para ella, el IMSS lo fue todo, un gran aliado donde pudo desarrollar su deseo de ayudar para bien de la población, aportar sus conocimientos y alegría en su equipo de voluntarias.
«Yo nací en el Instituto Mexicano del Seguro Social y me voy a morir en el Instituto Mexicano del Seguro Social, qué puedo decir. El Instituto se inauguró en 1943, yo nací en 1944. Entonces para mí es todo», dijo Luchita, a quien la madrugada del jueves 27 de agosto un infarto al corazón le arrebató la vida, pero jamás el legado que deja en la institución que hoy le reconoce y agradece infinitamente su solidaridad, empatía y vocación.
