17 de abril de 2021
Más abuelos que nietos

Más abuelos que nietos. Foto: El Imparcial

Por Fernando de Jesús Hernández Estrada

Terminada la segunda guerra mundial, el mundo, jubiloso por dejar atrás aquella orgía de sangre vivió un estado mental que originó una explosión demográfica que se extendió hasta 1964, como una manifestación de alborozo humano gritando un gran «¡SÍ a la vida!», observado ya en otras etapas de la historia durante los períodos de posguerra o después de severas crisis económicas o de otra índole, grandes catástrofes o situaciones de estrés persistente, dando como resultado un aumento de nacimientos entre 22 por ciento en países desarrollados y cerca de un 40 por ciento en países en vías de desarrollo.

El 23 de abril de 1960 la «píldora» recibía el permiso para ser prescrita como anticonceptivo en los Estados Unidos, país que inició enérgicas políticas internacionales promoviendo y -en el caso del tercer mundo- condicionado ayuda humanitaria a cambio de su uso obligatorio, bajo el argumento de que el mundo corría hacia la sobrepoblación con efectos desastrosos y hambrunas apocalípticas. Y el control natal pasó a ser símbolo de progreso en todo el mundo.

Hoy en día, el descenso en la natalidad de las naciones ha sido tal que Europa y parte de Asia están enfrentando un problema serio de disminución de su población, como consecuencia de la aplicación prolongada de políticas de control de natalidad, al grado tal que ya no cuentan con generaciones de recambio.

Esto ha producido un envejecimiento de sus habitantes, con carencia de mano de obra y recursos suficientes para hacer frente a las pensiones y sistema de salud de los jubilados.

En 51 países, la fecundidad ya es inferior al umbral del reemplazo de las generaciones. 15 de estos países registran cada año más muertes que nacimientos. Desde hace treinta años, la tasa de crecimiento de la población mundial no deja de disminuir a un ritmo regular y significativo.

Ahora, después de haber registrado una disminución impresionante de su fecundidad, 51 países del mundo (entre 185) ya no logran reemplazar a sus generaciones. Precisemos que estos 51 países representan el 44 por ciento de la población del planeta y que los países con tasas de fecundidad más bajas son los más desarrollados económicamente. Esto incluye la mayor parte de Europa, Estados Unidos, Corea del Sur, Japón y Australia.

El número de personas no ha disminuido (todavía), porque el tamaño de una población es una combinación de la tasa de fecundidad, la tasa de mortalidad y la migración. Pero es un hecho que la población va envejeciendo.

A nivel mundial, los matrimonios han disminuido, mientras que la edad media de la maternidad ha aumentado; además, las leyes del trabajo no permiten conciliar armoniosamente vida familiar y actividad profesional.

Datos de Naciones Unidas sobre Nicaragua, República Dominicana, Chile, México, Colombia, Venezuela, Perú, Costa Rica, Argentina, El Salvador, Brasil y Uruguay (85% de la población de Latinoamérica) registran tasas de fecundidad que oscilan entre 1.7 y 2.5 nacimientos por mujer (la tasa en 1960 era de 6 hijos).

Cuando la tasa de fecundidad de un país desciende por debajo de 2.1, las poblaciones se reducen, mucho más aún en los países que tienen una alta tasa de mortalidad infantil.

Muy pronto los centros de trabajo tendrán que cambiar la idea de retirarse a los 65 años. Los países afectados deberán considerar el aumento de la inmigración o introducir políticas -que a menudo fallan- para alentar a las mujeres a tener más hijos, medidas que ya se están presentando en los países escandinavos.

La baja fertilidad va de la mano con el envejecimiento de las personas y el aumento de la carga fiscal para el pago de pensiones y la atención de la salud.

Según las tendencias actuales, muy pronto (tanto como 20 o 25 años) habrá muy pocos niños y muchas personas mayores de 65 años y eso es muy difícil de sostener para una sociedad. Pensemos en todas las profundas consecuencias sociales y económicas de una sociedad con más abuelos que nietos.

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