21 de febrero de 2024

El Papa: «Ensuciarse las manos para no ensuciarse la vida”

El Papa Francisco viajó de Lisboa a Cascais para reunirse con los chicos de Scholas Occurrentes que participaron en el proyecto «Vida entre los mundos», una iniciativa compuesta por personas de distintas nacionalidades y religiones, que se dedicaron a crear la obra artística de aproximadamente 3 km de longitud.

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

«¡Es una Capilla Sixtina pintada por ustedes!». El Papa levantó la cabeza, luego la giró a la derecha y a la izquierda, para observar con admiración y una pizca de diversión el mural de 3,5 km realizado íntegramente por los jóvenes de Scholas Occurrentes, al que él mismo dio la pincelada final. La firma del Obispo de Roma a un mundo nuevo soñado por los jóvenes a los que él mismo invitó a «ensuciarse las manos, para no ensuciarse la vida».

 

En Cascais, en la sede de Scholas

Francisco se trasladó a Cascais, un litoral a pocos kilómetros al oeste de Lisboa, para dedicar una hora entera a los chicos y chicas de la organización repartidos por ciento noventa países, en el marco de su segunda jornada en Portugal con motivo de la JMJ de Lisboa.

 

Al llegar en un utilitario negro, el Papa fue recibido con cantos y vivas de «¡Bienvenido Francisco!» en esta antigua escuela convertida en una casa, que también fue cedida gracias a un acuerdo con el gobierno de Portugal y se ha convertido en la sede del proyecto «Vida entre los mundos». Una iniciativa en la que participaron mayores y jóvenes, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, de diferentes nacionalidades, todos implicados en la creación de la majestuosa obra de arte.

 

Uno de los murales más grandes del mundo, comentó el director José María del Corral, que entregó al Pontífice un pincel especial, incrustado en una escultura de cerámica blanca, utilizado por los pueblos de África. El Papa sonrió y luego se levantó del asiento blanco con el escudo papal y, entre las miradas de los jóvenes, se dirigió a la pared que tenía detrás para dibujar tres círculos verdes en un punto ya marcado por distintos colores.

Testimonios de diversas religiones

Fue el acto final de un encuentro caracterizado, como todos los de Scholas – el último en mayo en el Augustinianum de Roma – por una serie de preguntas y testimonios de los jóvenes. Esta vez no sólo fueron jóvenes de diversas partes del mundo, sino de distintas religiones, los que plantearon al Papa algunas preguntas o compartieron sus impresiones sobre este proyecto que une arte, cultura y, de alguna manera, también la fe.

 

Paulo, que es evangelista, dijo estar satisfecho porque «las personas que se expresan entre sí en diferentes religiones, diferentes culturas, no importa, puesto que todos son bienvenidos en Scholas».

 

Luego Mariana, católica, que habló del mural como algo que es «mucho más que una pintura o un estar juntos», sino más bien una colección «de historias, de vida y mucho compartir, un compartir que no es un compartir superficial o un compartir de likes en Instagram». «Creo – afirmó – que hoy en día hay poca esperanza en la gente y tenemos que entender realmente que también existe esa esperanza y esas ganas de vivir en las personas, aunque a veces se escondan detrás de una pequeña sonrisa».

 

Por último, Aladje, musulmán, reveló que se «enamoró» de este movimiento que «no ve raza, no ve religión, no ve nuestra cultura en sí, sino que valora la interculturalidad que existe y acaba ayudando a personas de diferentes orígenes». «Scholas  – aseveró el muchacho – es un espacio multicultural en este sentido y entramos en la escuela sin dejar de lado nuestra religión».

 

Caminar en las crisis

El Papa escuchó y luego respondió en español. Se detuvo sobre todo en el concepto de «crisis». Aquellas que tienen un significado negativo pero de las que también pueden nacer frutos de bien. «En las crisis hay que caminar, casi nunca solos y esto también es importante”.

 

“Para afrontar juntos la crisis y seguir adelante, creciendo  – dijo – una vida sin crisis es como el agua destilada. Es aséptica, sin sabor, no se puede beber, no sirve para nada sino sólo para conservarla». La crisis, en cambio, según Jorge Mario Bergoglio, “hay que hacerla propia, hay que aceptarla, afrontarla y resolverla”. También porque de ella, es decir, de ese “caos” que “cada uno de nosotros” experimenta en la vida, puede nacer un cosmos”.

«Hacer del caos un cosmos»

«Hubo alguien que decía que el camino del hombre, de la vida humana, es hacer del caos un cosmos», dijo Francisco aludiendo a Carl Gustav Jung. «De aquello que no tiene sentido, que está desordenado, crear un cosmos. Con un sentido abierto, incluyente».

 

«No quiero hacerme catequista aquí», bromeó el Papa, pero el mismo relato de la creación, en «lenguaje poético», lo demuestra: de la nada nace algo: «Dios un día hace la luz y va transformando las cosas».

 

«En nuestra vida sucede lo mismo: hay momentos críticos, muy caóticos, en los que no sabes cómo mantenerte en pie. Todos pasamos por estos momentos…», dijo el Papa. Y es aquí donde se impone el «trabajo personal» y el trabajo «de grupo». «Están creando el cosmos. No lo olviden nunca», añadió a los jóvenes de Scholas.

 

El icono del Buen Samaritano

El Papa concluyó el encuentro regalándoles un icono que representa la parábola del Buen Samaritano, tan querida por él. «Nadie está seguro de ser un Buen Samaritano, pero debemos serlo para todos», subrayó el Papa Francisco. Y recordó la vicisitud de este hombre en el suelo, herido, ignorado por los transeúntes también porque sangraba y «según la ley de la época, quien tocaba la sangre quedaba impuro».

 

«Cuántas veces se prefiere la pureza ritual a la cercanía humana», observó el Papa. «Entonces llega un samaritano, mentalmente un poco fanfarrón, vendedor… no puro… y éste se detuvo, lo vio y sintió compasión». «Les dejo una pregunta: ¿qué te hace sentir compasión? ¿O tienes el corazón tan seco que no puedes sentir compasión? ¿Qué sucede?», preguntó el Pontífice a los jóvenes. «A veces en la vida hay que ensuciarse las manos para no ensuciarse el corazón».

La bendición de un árbol de olivo

Entre aplausos, Francisco se despidió de Cascais asegurando su bendición: «Les daré mi bendición, pero prométeme que rezarán por mí. Recen para que el Señor me bendiga. Y quien no rece, que me envíe ondas positivas».

 

A la salida, más gritos de saludo, y las fotos desde las ventanas de los habitantes de los edificios que rodean la sede de Scholas, la firma de una pelota de balonmano. De fondo, un conmovedor fado – elemento característico de la cultura lusitana – cantado por una mujer en el centro de la plaza. Por último, el Papa bendijo un olivo, símbolo de la paz.

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