Enseñar en un México de contrastes
De los 1.2 millones de docentes de educación básica en el país, casi uno de cada cuatro trabaja en localidades de alta o muy alta marginación.
Ciudad de México a 12 de mayo de 2026.- En México, el salón de clases no siempre tiene cuatro paredes. Para miles de maestros en comunidades de alta marginación, enseñar significa improvisar, recorrer horas de camino y sostener con recursos mínimos lo que el sistema no alcanza. De los 1.2 millones de docentes de educación básica en el país, casi uno de cada cuatro trabaja en localidades de alta o muy alta marginación, en contextos que evidencian desigualdades.
Contrario a lo que se suele pensar, las barreras que enfrentan los maestros en zonas vulnerables van más allá de la infraestructura y la tecnología. Son barreras más profundas, que tienen que ver con pertenencia, contexto y las reglas no escritas que determinan quién llega al salón y quién no.
Una de las expresiones más claras de esa desigualdad es la escuela multigrado. Según la SEP, el 49% de los planteles de educación primaria opera bajo este esquema: un solo maestro atiende a niños de distintos grados y edades, no por elección pedagógica, sino porque es la única forma viable de llevar educación a donde el sistema no llega. Muchos de estos docentes asumen además funciones administrativas y de enlace comunitario, roles que el contexto les exige y para los que muchas veces no estaban preparados.
Otro factor que suele ser incómodo de mencionar, pero que juega un papel clave en las comunidades rurales, es que la necesidad de que los niños contribuyan al ingreso familiar suele competir directamente con el horario escolar; la asistencia depende, muchas veces, de si ese día los brazos del niño hacen falta en el campo. A esto se suma la presión del género: según la Encuesta Demográfica Retrospectiva 2025 del INEGI, el 77.4% de las mujeres en localidades rurales abandonó la escuela antes de los 18 años en generaciones recientes, frente al 48% en zonas urbanas. Una brecha de casi 30 puntos que no se explica por falta de capacidad, sino por normas culturales.
Es en ese terreno donde surge el Programa de Liderazgo de Enseña por México, un movimiento dirigido a profesionales convencidos de que el cambio social es posible a través de la educación. Su enfoque va más allá de la formación académica, colaboran directamente en escuelas públicas con estudiantes, docentes, familias y directivos para desafiar creencias limitantes y construir prácticas más efectivas en todos los niveles del ecosistema educativo. En 12 años de trayectoria, ese modelo ha alcanzado a más de 210,000 estudiantes en 24 estados del país.
«Ser docente hoy es uno de los actos de liderazgo y esperanza más poderosos en México. En medio de grandes desafíos, son las y los maestros quienes sostienen comunidades y abren posibilidades donde otros no llegan. Reconocer su labor implica asumir, como sociedad, la responsabilidad de construir una educación más justa y humana. En Enseña por México reafirmamos nuestro compromiso de seguir trabajando de la mano con docentes, acercando oportunidades de desarrollo y acompañamiento — porque fortalecer a quienes educan es también una responsabilidad colectiva.» señaló Ana Gómez Gallardo, Directora de Operaciones de Enseña por México.
En un país de tantos rostros es importante entender que la equidad educativa no se construye únicamente con políticas o presupuestos, se construye también fortaleciendo a quienes están al frente de las aulas en los contextos más difíciles, dotándolos de herramientas, acompañamiento y reconocimiento. Porque cuando un maestro transforma su comunidad, la educación deja de ser una promesa lejana y se convierte en un motor real de movilidad social, sin importar el código postal.
