mar. Oct 15th, 2019

La utilidad social del trabajo editorial no desparecerá, porque en medio de la cultura digital, el editor sigue siendo el responsable de colocar contenidos en un marco sociológicamente construido, afirmó el doctor Gerardo Kloss Fernández del Castillo, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

La sustitución de lo viejo por lo nuevo es un tópico del mundo occidental, pues se han encontrado tablillas de arcilla, en la antigua Sumeria, donde se decía que la humanidad estaba en decadencia, porque los jóvenes ya no hacían caso a sus padres ni a sus maestros, mientras que en 1896, cuando se produjo la primera función pública de cine, una revista publicaba que el séptimo arte era la iluminación del futuro porque se acabarían los libros, expresó el coordinador de la Maestría en Diseño y Producción Editorial de esta casa de estudios.

 

Más recientemente, en un seminario de la Feria del Libro de Frankfurt, “se hizo una especie de apuesta a que en 2018 ya no habría papel a la venta, pero pasó ese año y más de 85 por ciento de las ventas” en esa feria siguen siendo ediciones impresas”, por lo que “no estamos diagnosticando de manera correcta la enfermedad terminal que supuestamente iba a matar al libro”.

 

El ex coordinador de la Licenciatura en Diseño de la Comunicación Gráfica de la Unidad Xochimilco destacó la postura de un autor más reciente, Michael Bhaskar, quien sostiene que ahora publicar no es más que aplicar un botón, entendiendo ese concepto como el hecho de tener un contenido y colocarlo en un sitio al que cualquiera pueda acceder y para lo cual “no se necesita nada más que una suscripción a WordPress o a Facebook, con lo que podemos perfectamente poner nuestro material a disposición del público”.

 

Sin embargo, los editores “no han muerto porque su labor no es sacar copias, sino colocar el contenido dentro de ciertos marcos a partir de un conjunto de decisiones técnicas, comerciales y de diseño, entre otras, regidas por modelos construidos socialmente”, por lo tanto, la utilidad social y el objeto práctico del trabajo editorial no han desaparecido ni lo harán.

 

Las diferentes versiones de Don Quijote de la Mancha van dirigidas a distintos sectores; la de Sepan cuantos, es la que utilizan alumnos de secundaria, mientras que la de la editorial Cátedra es la que se analizará, por ejemplo para formar investigadores filológicos en el Posgrado de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México y sigue siendo el mismo texto y sigue siendo Cervantes, pero “estamos haciendo usos sociales distintos del objeto”.

 

Esos usos están pidiendo modelos de negocio y diseño distintos por completo y, por lo tanto, “nuestro trabajo consiste en que encajen en lo social, en diseño, distribución y producción económica”, afirmó el también corrector, guionista y publicista durante la 12ª Semana de la Cultura Digital en la Unidad Xochimilco.

 

De igual manera son los modelos de uso social los que determinan lo que se va a papel y lo que se va a digital, y el editor se encargará de poner los productos en el lugar, momento, soporte y precio que sus lectores necesiten, dijo al dictar la ponencia Impacto de la cultura digital en el medio editorial.

 

Kloss Fernández del Castillo sostuvo que la diferencia de la producción editorial digital y la que se hacía anteriormente es que “ya trabajamos con la idea de cadenas editoriales, como un enjambre o una nube de flujos multidireccionales”, donde intervienen el editor, el diseñador y el corrector, porque “en realidad todos somos gestores de flujo y eso implica que tenemos que aprender a diseñar, corregir y programar, ya que es la única manera de generar valor agregado en un espacio de tipo enjambre.

 

La educación –tanto de los diseñadores como de gran parte de comunicólogos– está muy centrada en el objeto y no tanto en la interacción que éste va a generar, “y creo que ahí hay un giro sociológico que habría que dar a los planes y programas de estudio”, sostuvo el autor de El papel del editor en la historia.

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