sáb. Jul 20th, 2019

En la terrible y dolorosa tarea de encontrar los cuerpos de sus familiares y amigos desparecidos en México, cientos de buscadores han debido indagar, hurgar y exhumar cuerpos en un territorio convertido en enorme fosa común, lo que ha llevado a preguntar “¿qué papel podría desempeñar éticamente el arte para cambiar este rumbo?”, refirió la doctora Ileana Diéguez Caballero en el Coloquio internacional articulaciones: derechos humanos en la cultura y las artes.

La profesora del Departamento de Humanidades de la Unidad Cuajimalpa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) aseguró que la teoría del arte como figura esencial de la filosofía debe pensarse con implicación absoluta y total responsabilidad, ya que de no ser así se convertirá en mera actividad técnica.

Esta reflexión, que ha sostenido a lo largo de su carrera artística, tomó mayor sentido luego de acompañar a Los buscadores durante la 4ta. Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, realizada en Guerrero a principios de este año, llevándola a pensar en la exhumación como una exploración académico-artística y una tarea de indagar en las sombras en busca de cuerpos.

Esta doble acción se refiere a mirar entre las tinieblas para intentar vislumbrar lo que emerge desde los restos, “ese trabajo académico de investigar, escribir y compartir nuestro parcial conocimiento implica permitirse afectar y ser afectado, invita a mirar, preguntar, reflexionar y comunicar, pero también a acompañar, accionar, caminar y a estar dispuestos a cambiar el orden de las cosas”.

La doctora Diéguez Caballero afirmó que nunca imaginó que los académicos o investigadores debieran tanto a las calles y a los rostros que los interpelan, a la contingencia y a la emergencia de cientos de acontecimientos, pues desde su experiencia, pensar en el ámbito de la vida común fuera de los recintos académicos es emprender los actos más congruentes con la realidad.

“Desde esas coordenadas y nuestras circunstancias pienso, imagino y vivo eso que llamamos la academia como una práctica de exhumación, velación y civilización”.

En este escenario los supuestos derechos humanos a la vida conviven con los derechos humanos a la digna muerte “y es necesario pensarlos desde una cultura forense, de la muerte violenta como acontecimiento público que condiciona nuestros días, una urgencia que debería convocarnos a la acción y no a más congresos, actividades o charlas”.

La investigadora aplaudió el trabajo de los cientos de buscadores y buscadoras que han devenido en expertos en reconocimiento geológico, arqueólogos, antropólogos, peritos en anatomía e investigadores forenses, siempre por cuenta propia, movidos por el anhelo de encontrar.

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