25 noviembre 2020

OPINIÓN | Ansiedad, la palabra más googleada en la pandemia (parte 10)

Playas llenas de gente, bailes masivos sin miedo a coronavirus, misas sin sana distancia y rituales sin cubrebocas en Palacio Nacional… ¡Los covidiotas también provocan síntomas de ansiedad!

covidiotas y ansiedad

Como cada semana, aprovecho este espacio para saludarle, apreciado lector o lectora, y espero que usted se encuentre bien de salud mental y, por su puesto, de salud física.

La semana pasada en este espacio escribí acerca de cuidarnos hasta donde sabemos es debido, no solo por la decisión personal de tener o no salud, finalmente cada quién es libre de hacer con su cuerpo lo que le de su gana.

Para muestra los índices de obesidad, sedentarismo, diabetes y otras tantas enfermedades o “condiciones” que muchas veces se dan por una negligencia personal, pero en el caso de los cuidados que tengamos o no frente al SARS-COV-2 se rebasa el límite de la libertad personal.

Esto es porque, dado lo increíblemente contagioso del virus, si una persona no se cuida, se convierte en un foco de infección ambulante que no sólo pone en riesgo la salud y la vida de otras personas, sino que provoca que esta zozobra social se alargue y continúe el letargo de la recuperación económica, la recuperación de espacios, y algo de lo que antes llamábamos normalidad.

Así que si usted, apreciable lector o lectora, es una de esas personas que su salud le importa poco, le recomiendo que se beba un refresco de tres litros al día, que se alimente de comida frita, que no haga ejercicio y no sea un denominado «covidiota» porque esos son un riesgo social.

Esto viene a colación porque acabamos de pasar el puente de Día de Muertos y las imágenes que nos ofrecieron las playas, ciudades y pueblos a lo largo del país fueron desalentadoras; multitudes que como bien señaló Freud: “En el fondo nadie cree en su propia muerte, o ,lo que viene a ser lo mismo, en el inconsciente cada uno de nosotros está convencido de su inmortalidad”.

Y por si el país no estuviera lleno de idiotas, en Palacio Nacional se alienta la superstición con el presidente y su esposa haciéndose una limpia. ¡Qué tiempos!

El símbolo es fundamental en la comprensión de la realidad; si tomamos ese ejemplo, el de la limpia, el mensaje simbólico es el de preponderar la magia, la ignorancia, por sobre la ciencia, una cosa son las tradiciones, y otra cosa la manera en que se comunican y se ritualizan.

En las posadas los invitados se dividen en dos bandos: unos salen y cantan, los de afuera quieren entrar a dormir y parir al hijo de Dios; los de adentro primero no los quieren dejar entrar, hasta que se convencen de que es su deber porque no son cualquier hijo de vecino y los dejan pasar.

Es una linda tradición, nos permite repensar algo; sin embargo, ningún invitado piensa que dentro de la fiesta alguna mujer va a tener un bebé, no hay ningún símbolo que así lo indique.

El símbolo por excelencia es el grafo, por lo tanto el lenguaje, una gran parte de las patologías mentales se detectan mediante éste. Por ejemplo, en los medios entrevistan a un señor que se está bronceando en Acapulco en un playa que está retacada de gente, donde la sana distancia es imposible, nadie usa cubrebocas y en un ir y venir del mar a la silla de playa, al baño, al bar… se dan encuentros instantáneos con decenas de personas.

Cuando le preguntan a este señor si no tiene miedo de contagiarse dice que sí, pero qué se le va a hacer, que de alguna manera tiene que sacar el estrés del trabajo, y que él y su familia están tomando todas las medidas sanitarias.

Si analizamos este conjunto de símbolos comunicados por este señor tenemos los siguiente:

El sujeto presenta un discurso incoherente e incongruente. Para empezar, no se le notaba asustado con el torso embadurnado de algún tipo de aceite -no sé si para proteger su piel de los rayos del sol o para agarrar color- mientras sostenía un coco adornado con una sombrilla y del cual salía un popote. Le daba tragos mientras respondía al reportero.

En segundo lugar, no estaban siguiendo ni una sola medida sanitaria; la primera y más importante hubiera sido no ir a la playa, en ese fin de semana en particular en el que lógicamente iba a estar llena de irresponsables, de esos que mejor deberían tomar refrescos de tres litros.

En otra escena que se viralizó hay un baile masivo en alguno de los miles de pintorescos municipios de esta entelequia que nos atrevemos a denominar país; el cantante principal de la agrupación convoca a la multitud aglutinada a levantar su vaso para hacer brindis a los que no le tienen miedo a la Covid-19.

“Que levante su vaso los que no le tienen miedo al bicho”, grita. Acto seguido se escucha una alharaca y el baile se anima más.

Volviendo al símbolo, no me imagino a un ser humano con evidentes señales de gonorrea, exponiendo sus genitales y convocando a una multitud a brindar por el riesgo implícito en la cópula sin protección (incluso con ella): “que levante su vaso a quién le valga madres -el bicho-“ y que una alharaca siga a tal invitación.

Algo me hace pensar que lo que se escucharía sería una gesto de asco, de repulsión. En este caso el símbolo nos habla de una psicosis colectiva, de una negación de la realidad, de la fabricación de una realidad alterna.

En la semana también quedaron registrados los sucesos en el templo de San Hipólito el día de San Judas; una vez más una multitud de personas inconscientes se aglutinaron en torno de algo que -según ellos- vale la pena arriesgarse a contraer el SARS-COV-2.

Como esta visto que en ningún nivel hay autoridad en este “país”, los individuos nos gobernamos solos, así que el estrés que describía el hombre embarrado del algún aceite; la indolencia a la que convocaba el cantante de música regional; y la devoción que provoca un santo en un sector de la población, hace que seamos una sociedad psicótica, que por un lado tiene a un ejército de trabajadores de la salud rompiéndose la madre y arriesgando la propia vida para que algún covidiota pueda empedarse a gusto en una playa, en un baile o le parezca de vida o muerte ir exactamente un día a equis templo que va a seguir ahí -per secula seculorum-.

Pero no, si no es ese día no cuenta, al cabo desde Palacio nos dicen que ya no hay pandemia y el presidente sin sana distancia recurre a la magia y toma algún brebaje de un tipo de vaso, vasija que se va pasando de boca en boca con otras personas.

El personal de salud de esta entelequia que llamamos país es el que ha tenido más bajas en todo el mundo; como se dice por ahí, «los mandan a la guerra sin fusil», en pésimas condiciones, sin presupuesto, usamos métodos de medición estadísticos propios para el dengue o la rickettsia.

El encargado “científico” de la pandemia manda el siguiente símbolo: “el cubrebocas sirve para lo que sirve, y no sirve para lo que no sirve”, ¡gracias a la vida por López-Gatell! Ya espero con ansias el «Tratado de epidemiología en tiempos de pandemia por HLG», las joyas de lenguaje que va a contener, mas apropiadas para un texto de Groucho Marx.

En resumen, queridos lectores, no estamos avanzando; estamos retrocediendo con el beneplácito de algunos, la ceguera de otros, el cinismo de otros, la demagogia de otros y la ignorancia del resto, así que, si me lo permiten, voy a respirar dentro de una bolsa de papel y después buscaré en Google: Ansiedad crónica, síntomas y tratamiento.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE «ANSIEDAD, LA PALABRA MÁS GOOGLEADA EN LA PANDEMIA»

*Las ideas contenidas en este texto son responsabilidad de su autor y no reflejan la postura de News Report MX

Gabriel Zamora Paz es Psicólogo por la UABC, Maestro en epistemología y doctor en Psicoanálisis Lacaniano.

Cuenta con 20 años dedicado a la actividad clínica como psicoterapeuta primero, cómo psicoanalista desde hace 6 años y trabajó 6 años como académico en la UPN.

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