3 de diciembre de 2020

OPINIÓN | Ansiedad, la palabra más googleada en la pandemia (Parte 9)

Yadira, la bailarina más atractiva del bar en el que trabajó de joven, le tenía terror a contagiarse de VIH… y aunque ese episodio parecía superado, el coronavirus dijo lo contrario…

Ansieda y neurosis

En esta enntrega, además de -como cada semana- enviar un saludo y mis mejores deseos para usted, querido lector, aprovecho la oportunidad para poner una vez más el acento en el cuidado que debemos de proporcionar a nuestra salud física y mental, más ahora que parece que, cual tsunami, se nos viene una segunda ola de contagios del SARS-CoV-2.

Sin vacuna disponible, apelamos a la inteligencia de usted que amablemente nos lee, para que siga al pie de la letra todas y cada una de las medidas sanitarias, como -de ser posible- quedarse en casa y, en caso de salir, utilizar correctamente el cubrebocas.

Por favor, no sea usted el mamarracho que trae las fosas nasales descubiertas o que sólo lo usa para entrar a equis o ye lugar, y el resto del tiempo lo trae sosteniendo su papada. Respete la sana distancia, lave sus manos cada que pueda y aplíquese gel antibacterial cada que toque algo que claramente represente un riesgo de contagio.

No se esté tocando la cara y, en caso de toser y estornudar, lleve a cabo el llamado «protocolo de etiqueta»; no vaya a lugares en donde claramente no hay ventilación y ni espacio para la sana distancia. Evite las concentraciones masivas y un largo etcétera que a estas alturas forman parte de la cultura general, al menos de un sector de la población. ¡Cuídense mucho, pues!

Mucho se habla acerca de que a partir del surgimiento de la pandemia los casos de ansiedad se han elevado exponencialmente. Incluso empiezan a surgir “papers” en diferentes universidades al respecto.

También se disparó la búsqueda en google de este trastorno, llegando a ser la palabra más puesta en esa pequeña barra de búsqueda.

Nosotros tenemos la tesis de que no se han elevado los casos, simplemente se han visibilizado, ya en la época pre-covid la ansiedad ya era un problema de salud pública, sólo que en la pandemia ha ocurrido ese “detalle” que se convirtió en “la gota que derramó el vaso”.

La convivencia con la familia en el confinamiento, la situación financiera, el propio temor al virus, etcétera… los que nos dedicamos a esto de la salud mental sabemos que no te acuestas a dormir sano mentalmente un domingo por la noche y te despiertas el lunes por la mañana con un trastorno como aquellos que les exponía Charcot a sus colegas (Freud incluido) en los inicios de la Psiquiatría y el Psicoanálisis.

Sin embargo, pensamos que cualquiera que sea el motivo, camino o causa por el que una persona descubra, y como consecuencia atienda su salud mental, está bien.

Por allá del año 2011, Yadira Cerdeña tenía 28 años, contaba con una licenciatura en historia, pero como sus estudios los pagó gracias a ser parte del elenco artístico de un conocido bar que estaba consagrado a la actividad del “table dance”.

Cuando recibió su cuero de puerco (título universitario) no había manera de obtener un empleo en el ganara al menos el 10 por ciento del dinero que hacía bailando, así que decidió continuar con dicha actividad y su paso por la universidad se convirtió en algo anecdótico.

Originaria de la periferia de la CDMX, en una de sus tantas fronteras con el Estado de México, criada en una familia disfuncional, en donde estaban presente el alcoholismo en su padre, la adicción a la cocaína y a la piedra en su hermano menor, logró con su actividad mudar a la familia a una zona no marginal de la urbe y mantener a su mamá.

Yadira se dio a conocer por la manera que tenía de manipular a los clientes; los “medía” desde que llegaban al bar y era capaz de fingir un acento colombiano o argentino si consideraba que eso iba a enganchar más al incauto en cuestión.

“Venga boludo, no me rompás las pelotas y pedí el champagne, la concha de la lora”, decía con naturalidad.

Como era además una de las chicas mas atractivas del lupanar en cuestión, según sus propias palabras, los clientes hacían lo que ella quería, pero tenía una peculiaridad: jamás tenía sexo con nadie, así fuera tentadora la oferta económica, así tuviera química con el cliente en turno, nunca rompía este principio.

Lejos de ocasionarle que tuviera menos clientes, éstos lo tomaban como un desafío y, bueno, hasta regalos caros le hacían. Pero ni así, Yadira no cogía y punto.

El motivo sólo lo sabía su psicoanalista: tenía un terror que la paralizaba a contraer el virus VIH y a enfermar de SIDA.

Le llevó años de diván, poner sus ahorros en un negocio grande y lucrativo de abarrotes e intentar varias relaciones de pareja, más o menos superar esta situación.

Se casó, se divorció, tuvo un hijo que terminó criando con su mamá, un niño “muy educadito” que recibió educación en escuelas particulares; la mamá se separó del marido, y el hermano -aunque seguía en las andadas- encontró una manera de ganarse la vida y por lo general no les daba sinsabores.

Sin embargo, Yadira era una neurótica de manual. Se peleaba con otros conductores en el tráfico de la ciudad, siempre estaba a la defensiva… digo, no es para menos tener así de comprometida la estabilidad con la línea de vida que llevó, pero como quiera ahí iba saliendo adelante y conquistando la estabilidad y algo parecido al equilibrio emocional. En esta parte de la narración ya vamos en el año 2017.

Hagamos el salto al año 2020, por ahí de marzo; el psicoanalista recibe un mensaje de WhatsApp:

“Soy Yadira y estoy muy mal, se me está cayendo el pelo”.

Le agendan una cita y, llorando, gritando, ahogándose, dice que no se quiere morir. El analista le dice que no la veía así desde su temor al virus VIH, parece que el peor terror de Yadira son los virus, y éstos cada día vienen mas “cabrones”.

Yadira ya había pasado por ese trámite, lo que le dicen ya se lo habían dicho:

“Tienes una ataque de ansiedad, lo que significa que te descontrolaste en varios niveles: emocional, cognoscitivo, conductual, afectivo y somático. Ve a ver a este doctor, que te controle esos síntomas, se te va a dejar de caer el pelo y después vuelves a reiniciar tratamiento”

La gran ventaja de Yadira es que recorrió un camino ya conocido por ella, el de restablecer el equilibrio en muchas mejores circunstancias que la vez anterior, todo lo que trabajó en los años que antecedieron a la pandemia de la COVID-19 hizo que esta vez en un par de meses con una video sesión semanal se mantuviera estable.

Le dijo al analista que cuando empezó a dejar grandes mechones de pelo en el cepillo, buscó en google «ansiedad, caída de pelo», sólo para corroborar su sospecha y hacer “la llamada”.

*Los nombres y algunas circunstancias fueron modificadas para proteger la identidad y privacidad de los involucrados.

AQUÍ PUEDES LEER TODAS LAS ENTREGAS DE «ANSIEDAD, LA PALABRA MÁS GOOGLEADA EN LA PANDEMIA»


Gabriel Zamora Paz es Psicólogo por la UABC, Maestro en epistemología y doctor en Psicoanálisis Lacaniano.

Cuenta con 20 años dedicado a la actividad clínica como psicoterapeuta primero, cómo psicoanalista desde hace 6 años y trabajó 6 años como académico en la UPN.

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