sáb. Jul 20th, 2019

Uno de los mayores logros del gobierno de Andrés Manuel López Obrador en sus primeros meses ha sido “el intento –todavía no alcanzado, pero que está en ese camino– de separar la esfera política de la económica”, consideró el doctor Enrique Cuna Pérez, aun cuando en esta etapa inicial ha dado claras señales de una “fuerte tendencia autoritaria”, sostuvo el maestro Pablo Xavier Becerra Chávez.

 

Al participar en el Ciclo El gobierno de AMLO: entre la democracia y el autoritarismo, junto con los académicos Manuel Larrosa y Alberto Escamilla Cadena, todos adscritos al Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Cuna Pérez destacó que antaño, por lo menos en el sexenio pasado, ambos ámbitos estaban tan involucrados “que no sabíamos si el acto político era para beneficio de un particular o si éste se asumía como actor político para favorecerse de los recursos públicos”.

 

En la actividad convocada por el Doctorado en Estudios Sociales de esta casa de estudios y el Colegio de Especialistas de Demoscopía y Encuestas, el investigador afirmó que se trata de una medida positiva, ante el cúmulo de señalamientos de supuestos errores, “a los cuales no me sumo, no por militancia sino por crítica y capacidad de duda, así como por desconfianza respecto de quienes manejan los medios de comunicación”.

 

Por ello “considero que este intento no es una ocurrencia, sino uno de los mayores logros de la administración; hay muchos más, pero creo que ese es teóricamente, el más” relevante.

El doctor Becerra Chávez planteó que en el gobierno hay una “fuerte tendencia autoritaria, pero evidentemente aún estamos en un régimen democrático”, ese que, junto con el sistema electoral desarrollado durante el último cuarto de siglo, permitió elecciones cada vez más competidas, como las que hubo desde el año 2000 y resultó en las tres alternancias en la presidencia.

 

El presidente López Obrador ha llamado a su gobierno de la cuarta transformación, pero se trata de una “etiqueta autoimpuesta”, pues considera que su gestión tendrá un nivel tal que será una gran transformación en la vida del país; sin embargo, “encuentro elementos de una cierta tendencia al autoritarismo en varios aspectos”.

 

Uno de ellos es “la tendencia a pasar por encima de la ley para aplicar de inmediato sus decisiones, sin esperar a que se aprueben las reformas legales necesarias”; en la medida que se entra en esa dinámica se puede pasar por encima de la ley para cualquier cosa y ese es el riesgo de un gobierno que plantea la idea de que se puede actuar aunque no esté previsto por la ley.

 

Esto ha ocurrido con varios temas “en los cuales de manera explícita el presidente actuó al margen de la ley”, como el de las consultas y el de la guardia nacional.

 

También hay “una fuerte tentación presidencial de avasallar a los otros poderes y a los organismos autónomos, una actitud intolerante hacia la oposición y la prensa crítica” y un uso muy peculiar de la política social, cuya finalidad es construir una gran clientela electoral, que va unida a la aplicación de una drástica política de recortes al gasto público y de despidos porque “de ahí salen los recursos para la política social”.

 

De lo anterior se deduce la existencia de un “neoliberalismo populista”, aunque unos rasgos positivos de este gobierno podrían ser los programas La maroma estelar y John y Sabina, del Canal 11 o “la transformación de Radio Centro en una emisora al servicio del gobierno, algo bueno puede haber, pero ya se acabó el tiempo”, dijo con ironía.

 

El maestro Larrosa Haro sostuvo que como universitarios y ciudadanos “tenemos una responsabilidad sobre cómo vamos a manejar los juicios y las críticas sobre el sexenio actual, y espero que no regresemos” a momentos del siglo XIX, cuando se perseguía a exgobernadores que habían trabajado bien, en esas revanchas muy ideológicas y de vísceras e hígados en que se pierde la claridad y la objetividad sobre los asuntos”.

 

El juicio sobre un gobierno que lleva algunos meses debe ser prudente, informado y estar lejos de actitudes sentimentales o viscerales, o de las leyendas negras de todo lo que hay detrás de López Obrador, pues “es un personaje que nos puede caer bien o mal, pero hay una consistencia en la trayectoria de su programa y su objetivo político, que no es de un sexenio.

 

Hay cosas muy estables y otras donde hay dudas, pero “propongo como tarea académica y política como ciudadano, estar conscientes de que el nivel del debate y la crítica es necesario y legítimo, pero deben ser fundado, informado y sereno”.

 

El asunto de la compra y la coacción del voto y la no intervención del gobierno en las elecciones serían suficientes para calificar positivamente el saldo si es que esta administración logra acabar con ello. Hay una responsabilidad histórica, porque “de cómo salgamos librados de este gobierno dependen los próximos 20 años y ahí vamos”, finalizó.

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