sáb. Jul 20th, 2019

La autonomía que practican las organizaciones y movimientos sociales emergentes para definir su quehacer económico, objetivos y vida democrática representa una alternativa solidaria a las relaciones de producción que impone el capitalismo, concluyeron académicos de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y expertos que participaron en el Conversatorio Los jóvenes, el trabajo, la autogestión, lo colectivo.

 

En la mesa organizada por el Área de Estudios del Trabajo del Departamento de Relaciones Sociales de la Unidad Xochimilco, el maestro Marco Augusto Gómez Solórzano dijo que desde espacios independientes se están delineando opciones para enfrentar y modificar el modelo individualista derivado del capitalismo.

 

“Frente a la explotación, la obtención de la ganancia, el avance de la tecnología que desplaza a los trabajadores, la masificación del uso de Internet a nivel global –características de un sistema que pretende uniformar todo– los proyectos alternativos están forjando una nueva relación social sobre la base de la ética y la acción colectiva”, aseguró el académico de la Unidad Xochimilco de la UAM.

 

Fernando Martínez Robles, activista del Centro Educativo y Cultural Casa de Nubes, definió el espacio de autogestión como aquel con la capacidad para especificar su dinámica de organización interna, que no recibe financiamiento del Estado y posee una agenda política autónoma propia que aplica ideas libertarias que difieren del emprendedurismo.

 

“En los proyectos donde se ejercen la autonomía y la independencia trabajan, en su mayoría, jóvenes con perspectivas u orientaciones políticas diferentes, pero que comparten su interpretación de solidaridad y sentido de la libertad en programas autogestivos.”

 

El reto “es ver cómo construimos con los jóvenes opciones de autonomía y administración duraderas sin influencia externa y cómo integramos esos intereses a los proyectos políticos capitalistas”.

 

Arbit Mendoza, integrante de la organización Autogestival –que aglutina a más de 200 colectivos–, indicó que los proyectos autogestivos difieren de la economía cooperativa o solidaria, el comercio justo o el buen vivir y tienen su origen ideológico en el anarquismo, que postula una organización social independiente y autonómica.

 

Esta autonomía se alimenta de los planteamientos y prácticas de movimientos sociales de Italia, Francia, los Mapuches de Chile, los Sin Tierra de Brasil, los Okupa de España y también del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional.

 

Por el contrario, el cooperativismo, en el caso de México, mantiene una dicotomía dañina con el esquema corporativo, pues gobiernos de todos los niveles emplean el financiamiento para cooptar a las organizaciones sociales, lo que a la postre las pulveriza.

 

La autogestión es contraria al capitalismo, combate el carácter excluyente de organización individual que alienta el capital y sus organizaciones, y es una forma distinta de organizarse que representa una opción para salir del atolladero neoliberal.

 

La doctora Carolina Peláez González, docente del Departamento de Relaciones Sociales, destacó la importancia de generar un diálogo para conocer los aciertos y errores que se han cometido en las organizaciones autogestivas, y puntualizó la necesidad de potenciar la participación de las mujeres, como el caso del feminismo urbano y de mujeres campesinas en el EZLN, quienes han puesto el ejemplo de una efectiva participación femenina.

 

“Se debe luchar contra la precariedad en términos económicos pero también por cuestiones ontológicas, que tienen que ver con cómo ubicamos la participación social ante situaciones que marcan nuestra vida y nuestros referentes”, finalizó.

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