17 de mayo de 2021
Melesio quería ser cool

Melesio quería ser cool

La verdad es el error que se escapa del engaño y se alcanza a partir de un malentendido.

Jacques Lacán.

 

Melesio quería ser cool (los segundos planteamientos)

(Aquí puedes leer la primera parte)

3.

Les comenté que rentaba junto con algunos compañeros una casa cerca de la facultad, por lo tanto mi casa siempre estaba llena de estudiantes armando desmadre, no importa si era lunes o viernes, salvo que hubiera una fiesta en forma en la que entonces también nosotros estuviéramos, en la casa siempre había mucha gente.

Esas fiestas a las que íbamos eran muy poco glamorosas, normalmente eran en el terreno de un taller mecánico de camiones, o en algún terreno grande, y había dos atracciones principalmente: entre 10 y 20 barriles de cerveza y bandas de rock locales para amenizar. Quien fuere que organizara cobraba un cover por persona y ¡voilà!, ¡habemus party!.

Eran fiestas masivas, todo mundo asistía, estudiantes y los ya identificados amigos de los estudiantes, entre estos por supuesto siempre se encontraba Melesio, era de los primeros en llegar y de los últimos en irse, si por alguna anomalía sobraba un barril, se informaba en donde sería consumido éste y se apostaba en dicho sitio.

Inspirado por éstas fiestas y por la aparente popularidad de “nuestro” grupo que se demostraba día a día con la cantidad de gente que nos visitaba en la casa, Melesio, el hombre fuerte de la maquiladora coreana, el hombre que revolucionó la industria de las cajas de cartón para refrigerador, tuvo una gran idea.

-Voy a realizar un emprendimiento, con la gente que conocemos voy a hacer una fiesta, ya conseguí un lugar y voy contratar cuatro o cinco bandas para que toquen, pienso comprar veinte barriles de cerveza o de plano un camión de la Tecate como en las fiestas del día del estudiante, va a ser mega masivo, voy a repartir volantes en las demás facultades, ¿no quieren invertir conmigo?

-No

Melesio pensó que hacer una fiesta en medio del desierto era una gran idea, consiguió rentar un lote a unos cuarenta kilómetros de la ciudad e invirtió dinero en veinte barriles de cerveza, “se apalabró” con unas bandas de música y listo. Crónica de un fracaso anunciado.

No hubo manera de hacerle ver que nadie iba a ir al lote arenoso que había conseguido, que ese día además había otras fiestas, y que la neta él no tenía ninguna convocatoria. Le quisimos hacer ver que lo identificaban como nuestro amigo, que eso no era suficiente para que gente jalara para una fiesta, que no se endeudara.

Melesio respondió que era bien difícil para él hablar con gente que no tenía lo que el día de hoy llaman “mentalidad de tiburón”, que había una gran oportunidad enfrente y que nosotros más que otra cosa estábamos centrados en los contras, nos habló con ese donaire de superioridad de quién está dando una lección a gente que no sabe nada.

A la fiesta fue muy poca gente, nosotros ni siquiera fuimos, no por sabotearlo ni nada parecido, no teníamos carro, éramos el tipo de estudiantes que usaba el transporte público. Según cálculos de gente que si estuvo ahí, sólo había unas veinte personas, las veinte además eran músicos de las bandas que iban a tocar por lo que no pagaron cover y como prestación, según dictaba el canon, no se les pagaba con dinero, sino con cerveza, así que sólo fue gente que le representaban a Melesio una merma.

El asunto fue desastroso financieramente para Melesio, no tengo idea de cuanto dinero perdió, pero fue mucho, sobre todo si pensamos que ya de por sí,  su vida era la de un obrero de maquiladora que subsistía de su salario. Difícil su caso.

No supimos nada de él por primera vez en mucho tiempo, pensamos que en parte era porque tenía que trabajar más para pagar sus deudas y en parte habrá sido un gran golpe para su orgullo de emprendedor, habría también sin duda la sensación de que lo traicionamos al no asistir, pero bueno, ya seria cosa de él poner sus pensamientos en su lugar.

4.

La siguiente aparición de Melesio fue unos meses después de la hecatombe del desierto, ya no llegó en su van/casa, llegó un Toyota Tercel modelo 82, que no tenía ventanas, solo el parabrisas, el resto eran tablas de madera. Era obvio que la camioneta fue vendida para pagar parte de la deuda.

Llegó como si nada, al parecer había superado aquel asunto y ahora hablaba de su carrera de bolichista.

Melesio siempre hablaba de dos talentos que tenía (sin contar el de las cajas), uno era cierto y el otro no. El que no era cierto es que según él, el estudio de la Química era algo que alcanzaba la categoría de un don, orgánica, inorgánica, lo que fuera. Siempre narraba que en la prepa fue a una olimpiada de Química y que por supuesto se trajo la medalla de oro a casa, ya en privado el Ruso siempre desmentía esta historia.

-Eso nunca pasó

El segundo talento sí era real, y es que formaba parte del selectivo estatal de boliche, el deporte de los pinos y las bolas sí se le daba de una manera excepcional, entonces la manera de superar el pasado era centrándose en una habilidad real. Lamentablemente su narrativa lejos de dejarlo bien posicionado frente a su audiencia, alcanzaba a dejarlo con una sensación de pena ajena, esa sensación que hace que los más allegados busquen cambiar el tema para salvarlo de sí mismo.

El boliche no es digamos un deporte que aglutine masas a su alrededor, yo diría que la gente lo toma como un pasatiempo, lo juegan niños, ancianos, jóvenes, gordos, flacos, no importa, tampoco hace falta entrenar un mes para jugar un par de líneas; sin embargo, es entretenido, puedes comer mientras juegas e incluso beber cerveza.

Melesio nos platicó que hubo un torneo nacional en algún punto del país, que en el hotel en donde se hospedaron estaban hospedados los Pumas de la UNAM. Melesio se subió al ascensor y lo compartió él solo con Bruno Marioni, la respuesta de todos fue de júbilo, le comenzamos a hacer preguntas acerca del ídolo, ¿cómo se ve de cerca?, ¿a que huele?, ¿cómo iba vestido?

Tristemente Melesio respondió que no le puso atención, que él también era un deportista de alto rendimiento y que muy probablemente en un mundo más justo debería ser Marioni el que tendría que emocionarse por compartir el elevador con él.

Se le explicó lo que el futbol provoca en las multitudes versus el boliche, se le pidió que lo asumiera, pero que sobre todo estábamos hablando de un cabrón que jugó la Champions League con el Porto, fue campeón con Boca Juniors de la Copa Libertadores y campeón de Liga con Pumas. Un ídolo.

Remató diciendo que cuando se abrió el ascensor una multitud de personas y mujeres frenéticas se abalanzaron sobre Marioni, a Melesio se le dificultó transitar hacia donde iba, a pesar de traer los pants de la selección, nadie lo volteó a ver. Él culpó a la pobreza cultural del país. Cambiamos el tema para que no se avergonzara más a sí mismo.

-¿Por qué tu coche no tiene ventanas?

5.

Pasaron los años universitarios para nosotros y comenzaron los años laborales. Las cosas permanecieron más o menos iguales, sólo que ahora cada quien tenía su propia casa, departamento, ya no era necesario compartir vivienda.

Melesio había comenzado a experimentar una metamorfosis, desde donde lo veíamos nosotros era parecida a la de Gregorio Samsa, él lo veía en un sentido completamente diferente.

Un día dejó la industria de las cajas de cartón para refrigeradores para convertirse en el vendedor de una tienda de artículos de boliche que se ubicaba dentro de un boliche muy moderno que se instaló en la ciudad. Era un buen empleo, los artículos personalizados que utilizan los deportistas no son precisamente baratos y él obtenía una comisión por venta, la ubicación de la tienda hacía que tuvieran prácticamente  el monopolio del mercado.

La gente ordinaria que va al boliche no compra nada, lo que hace es pasar al mostrador y rentar unos zapatos de su número, después elige una bola y se pone a jugar. Sin embargo, hay un submundo de gente que está todo el año metida en torneos de empresas principalmente, aquí ya estamos hablando de otra cosa.

Estos individuos si compran sus zapatos, sus propias bolas, les mandan grabar su nombre, algunas camisas con el nombre de su equipo y algunos accesorios extras de parafernalia. Entonces le iba bien a Melesio.

Aquí el asunto es que al ser tan cercanos, sabíamos perfectamente de su precariedad económica de cuando trabajaba en la maquiladora, por ejemplo, su carro jamás tuvo vidrios, porque era eso, o las caguamas, ya sabemos la respuesta.

En fin, que cuando consiguió ese empleo nos llegó a mentir diciendo que se había asociado con su patrón, o sea, su patrón en su fantasía era su socio, y sus comisiones no eran comisiones, eran ganancias. Misma sensación de lástima como cuando interrumpía las pláticas para hablar de cajas, o como con la anécdota de Marioni. Algo padre, algo interesante o algo bueno, lo transformó en un abrir y cerrar de ojos en una cagada.

El Melesio “empresario” tenía mayor poder adquisitivo y comenzó a incursiona en el mundo de las motocicletas, de la noche a la mañana tenía un disfraz, un atuendo sería la palabra adecuada, un nuevo lenguaje que iba de acuerdo a su nuevo yo.

Nos encontrábamos como tantas veces bebiendo un par de cervezas recargados en un carro, sobre la banqueta, cuando un ruido ensordecedor emanado del  motor de una motocicleta de las llamadas chopper se posicionó en nuestra atmósfera .

Un motociclista comienza a realizar una serie de torpes maniobras para estacionarse, el “acto” se prolonga debido a que se le dificulta, el ruido no cesa, por fin lo logra. Desciende de la motocicleta y se quita el casco, era Melesio, enfundado en unos vaqueros desgastados, unas botas de cuero, una camiseta y un chaleco de un club de motociclistas llamados Ángeles de la Guarda.

Lo poco que entiendo del universo de los motociclistas es que se mueven en un imaginario de hipervirilidad, si se pudiera calificar todo este performance en una palabra. Son muy cuidadosos en verse desaliñados, como si hubieran estado recorriendo los caminos un año completo. También sé que les gusta juntarse con personas que manejan motocicletas, si pueden dejar de convivir con personas que manejan carros, mejor, si pueden formar algún club exclusivo, lo hacen.

Este comportamiento homoerótico es compensado con el nombre del club, por lo general buscan identificarse con algo demoníaco, con algo de naturaleza salvaje: Los no se que del infierno, Los no se que de Satanás, Los no se que salvajes, Los vagos de no se donde.

Melesio se amarra un paliacate en la cabeza y no sé porque uno en la mano, supongo que es parte del look, sin mediar algún tipo de saludo comienza a hacer gala de su nuevo lenguaje.

-Vengo de “rodar”, fui a San Luis y me regresé, sólo para recorrer el camino.

Fue Lacán el que dijo que el deseo es metonimia y el síntoma es metáfora, este es un ejemplo perfecto.

Le exigimos una explicación acerca del nombre de payasos de fiestas infantiles de su agrupación de motociclistas. Eludió darnos una respuesta y nos empezó a explicar que los parches que estaban cosidos a su chaleco nuevo de cuero tratado para que se viera desgastado, se los había ganado.

Melesio no es muy elocuente al hablar pero alcancé a entender que era un sistema parecido al de los niños exploradores, con cada habilidad nueva te dan como premio una insignia, acá funciona me parece en función de los kilómetros recorridos.

Ya tenía unos tres, lo que nos hizo suponer que se sube a la moto y empieza a manejar a lo pendejo para alcanzar lo antes posible la cantidad de kilómetros necesarios para el siguiente parche de Ángel de la Guarda.

Inventadísimo el nuevo Melesio.

Continuará…

*Los nombres y algunas circunstancias fueron modificadas para proteger la identidad y privacidad de los involucrados
**Las ideas contenidas en este texto son responsabilidad de su autor y no reflejan la postura de News Report MX

Gabriel Zamora Paz (@DrGabboes Psicólogo por la UABC, Maestro en epistemología y doctor en Psicoanálisis Lacaniano.

Gabriel Zamora Paz

Cuenta con 20 años dedicado a la actividad clínica como psicoterapeuta primero, cómo psicoanalista desde hace 6 años y trabajó 6 años como académico en la UPN.

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