29 septiembre 2020

Hace ya 41 años, el escritor Alvin Toffler en su libro La Tercera Ola (1979) describía como las bases del desarrollo de toda sociedad se fundamentan sobre 4 pilares: Inforsfera, Sociosfera, Tecnosfera y Energía; y que al minar cualquiera de estas, cualquier sociedad caería irremediablemente como una mesa que se le quiebra un pata.

Muestra de ello fue la caída de un imperio como la Unión Soviética, que tan sólo descuidó dos de sus pilares y le costó mas de dos décadas volver a figurar en el mapa de los países desarrollados.

Dados los recientes acontecimientos, supongo que nuestro Presidente y sus concejales olvidaron lo aprendido en esta lectura, si es que la hicieron. Pero valdría mucho refrescarla a fin de evitar que el gran peso que representamos los más de 130 millones de mexicanos caiga inevitablemente con las consecuencias que ello conlleva.

Con todo y que la cuarta transformación prometió un cambio profundo en la sociedad, en la Infosfera no mucho ha cambiado, el sistema de la libertad de expresión sigue casi intacto, a los amigos se les provee de espacios públicos y de presupuesto, y a los enemigos se les condena a la libertad que les confiere el espacio cibernético, que si bien no es poco, sigue sin compararse al de sus contrapartes.

En cuanto a la Sociosfera, la preocupación es alarmante; el Estado de Derecho se tambalea, las instituciones de la nación viven la zozobra de ser atacadas desde el Congreso mediante la reducción de su presupuesto o de plano la eliminación a rajatabla en una votación masiva ordenada desde Palacio Nacional.

Al mismo tiempo, la salud, el desempleo y la seguridad son dos temas muy sensibles a la sociedad y Presidente lo sabe; sin embargo, la escasez de medicamentos y un aumento desmedido en el numero de homicidios y desempleados parecen no tener limites.

Todos los días, tras hora y media de perorata mañanera sin estructura, nos alargan los plazos, nos prometen mejoras, nos piden tiempo para implementar soluciones que no tienen ni diseño, ni reglas, ni medidas, lo cual los condena o a la ineptitud o a la demagogia, ambas igual de peligrosas.

En tercer lugar tenemos la tecnosfera, cuya complejidad implica que sus resultados, para bien o para mal, son un poco más lentos, pero tarde o temprano llegan y para el México de este gobierno han llegado más pronto que después.

El crecimiento del 0.05% se debe en gran parte a la reticencia de las inversiones extranjeras de confiar en un gobierno que comenzó cancelando el proyecto más ambicioso que tenía este país y que además al menor capricho ahorcó el crédito, y por otro lado amenaza con aumentar la recaudación mediante la criminalización de los sujetos de pago en vez de aumentar la base gravable.

Esto no sería tan destrozo si contáramos con empresas e instituciones educativas cuya investigación impulsara descubrimientos y patentes de competencia internacional; sin embargo, una vez más El Régimen se equivoca al recortar el presupuesto a investigadores y estudiantes de excelencia, para dotar de una beca menor al salario mínimo a millones de jóvenes que no producen, ni estudian, ni investigan, pero sí votan.

A este paso, lo único que esta logrando este gobierno es que cada día contemos con un mayor numero de taxistas con titulo universitario y que el comercio informal se extienda a niveles nunca vistos.

Finalmente tenemos la energía. Mucho se nos ha dicho que México cuenta con fuentes inagotables de energía, que somos un país rico en recursos y eso es cierto, desgraciadamente estos necesitan ser explotados con inteligencia y oportunidad.

A principios de este sexenio se prometió que México explotaría 120 mil pozos petroleros; a un año de su administración la cifra no pasa de los 70mil.

Aunado a esto, mientras países como Alemania se han propuesto que el 100% de sus transportes serán eléctricos para el 2030, en México construiremos, por la buena o la mala, una refinería cuyo costo es insalvable para las finanzas públicas y cuya viabilidad será casi inútil cuando el mundo mude a otras fuentes más limpias de energía.

Desgraciadamente en este rubro el retroceso de la reforma energética ha desalentado a la industria a desarrollar proyectos alternos y los pocos que tenía como el campo eólico en La Rumorosa, B.C hoy se encuentran básicamente en el olvido.

Uno entiende que por su edad, el Presidente olvide las grandes lecciones de la historia, pero alerta que nadie en su equipo le haga ver, que si bien las revoluciones que le inspiran fueron gloriosas, también fueron momentos que respondían a la circunstancia de su tiempo y que hoy hablar de revolución es hablar de barbarie, de revancha y de crisis económica, porque después de cada una de las transformaciones que él admira y pretende emular, sobrevinieron en México largos periodos de pobreza, atraso y sufrimiento.

Esperemos que la historia no se repita una vez más.

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