22 de abril de 2021

Historias de histeria en la posmodernidad | Entre más corriente, más ambiente (los desarrollos y el desenlace)

Gigi y Josa presumían con su nuevo amigo todas sus aventuras amorosas con los músicos de rock de los bares de la CDMX, hasta que una venganza se consumó y arruinó la diversión

Entre más corriente, más ambiente

Entre más corriente, más ambiente

De una herida lo importante es la cicatriz.  Lo pasado ya ha acontecido, pero los efectos que estos acontecimientos dejan en nosotros van a provocar que pensemos y nos comportemos de determinada manera. 

Jacques Lacán.

Entre más corriente, más ambiente (los desarrollos y el desenlace)

(Aquí puedes leer la primera parte)

4.

Tenía la invitación a una boda en la Ciudad de México, no iba a viajar de Mexicali hasta allá solo por una fiesta, así que organicé mi agenda de trabajo para poder estar una semana en la capital. Para ser sincero me emocionaba la idea de volver después de tantos años.

Me ubiqué en un hotel en Paseo de la Reforma para tener todo “a tiro de piedra”. La boda sería en el Sheraton, me podía ir caminando y alguien me podría regresar cargando si era necesario, o en carretilla, o darme un aventón y dejarme en la bahía de la entrada. Fue un buen movimiento de mi parte.

El primer día lo empleé en ir de compras, el traje no es algo que se utilice mucho en Mexicali, así que me pasé la mañana consiguiendo uno, después fui a comer y me regresé al hotel a descansar, la boda prometía y quería estar al cien por ciento. El siguiente día lo emplearía en reponerme y por la noche saldría con Josa y Gigi. Da la casualidad que un primo mío está casado con una de las hermanas de María José y ésta fue a visitarla a Mexicali algunas veces. Así que el plan estaba “amarrado”

La fiesta fue un éxito, tuvo todos los ingredientes que todas las buenas fiestas tienen. Una buena banda musical, del tipo versátil amenizando el evento, comida y bebida para aventar pa´arriba y un conjunto de invitados dispuestos a darlo todo para que la fiesta brillara. Yo me encontraba entre el primer círculo de invitados del novio, así que fui requerido para el after party

Éste no fue lejos de ahí, alguien puso el roof de un penthouse en la colonia Polanco y aunque ya sólo asistimos el diez por ciento de los invitados, la diversión no disminuyó en intensidad, todo lo contrario, conforme la noche llegaba a su fin, la alegría y buenos deseos a los novios aumentaban. Los anfitriones contrataron un servicio de banquetes para el after, que empezaba a “circular” cada tres horas con alguna botana que permitiera a los asistentes sostener el ritmo, no faltó el sopecito, el tamalito, la quesadilla, el taquito, etcétera.

El amanecer con los rascacielos de Reforma de fondo es un espectáculo lindo, con la salida del sol se sirvió una ronda de “pancita” y después de esto, los novios partieron rumbo al aeropuerto. ¡Un fiestón en forma!

5.

A las 8:30 en punto me encontraba de pie en la bahía de Reforma dos veintidós, esperando a Josa y a su amiga, sabía llegarían en un carro negro y que nos dirigiríamos a un bar del centro de la ciudad, yo estaba mas que listo para conocer el bar que fuera, que mejor que se encontrara en un edificio antiguo.

Volteo a ver la hora y ya eran las nueve, con lo puntual que soy yo, me estaba empezando a desesperar, pero bueno, en caso de que se cayera el plan, seguro en esa zona de la ciudad encontraría algún lugar para cenar y tomar algo. Las nueve y media y ni sus luces, no quería parecer intenso, pero pues ya después de una hora de espera se justifica un whats, me respondió que estaban a diez minutos, hice el cálculo de otra media hora.

Diez en punto y un carro negro de lujo con vidrios completamente negros (cosa que según yo en la cedeemeequis estaba prohibido) se para enfrente de mí, una vez detenido imprimiéndole algo de drama a la escena,  se baja la ventana del copiloto y confirmo que eran ellas. Me subo de prisa en la parte trasera, tenía algo de premura por empezar la fiesta, cuando uno anda de viaje busca aprovechar el tiempo lo mejor posible.

-Hola soy Gigi, carnala de Majo, me han hablado mucho de ti, que te gusta la fiesta y que te sabes divertir, la vamos a pasar bien chido.

Dos cosas me parecieron raras, la primera que tuviera esta hermana, porque lo poco que había platicado con Josa me hacía dudar de este dato (en este punto no sabía de la proclividad a mentir de esta chava), la segunda es que hablara así. En la boda había convivido con gente que parecía ser del mismo nivel socioeconómico que Gigi y rompía por completo con el perfil.

-Vamos a ir a Gante, ¿te late?
-Si, claro, no conozco, pero por mi encantado.
-¡A huevo gallo, esa es la actitud!
-(¿gallo?)

Minutos después estábamos en un estacionamiento en el centro de la Ciudad de México dejando el carro. La distancia al bar no era de más de un kilómetro. El centro se encontraba lleno de vida, impresionaba la cantidad de personas que se desplazaban entre sus calles y se internaban los diferentes establecimientos nocturnos.

Pasamos por un bar que tenía una mampara indicando que esa noche tocaría Celso Piña (qepd). Finalmente caminamos en linea recta sobre un andador hasta que llegamos a un restaurant bar que llevaba por nombre Gante y estaba ubicado en la calle del mismo nombre.

Había algunas preguntas en mi cabeza sobre el rumbo que tomaría esa juerga. Primero que nada me preguntaba ¿porque estaban vestidas igual?, ambas tenían un vestido rojo con cuadros negros, pegado al cuerpo, los mismos botines negros, medias de red, pestaña postiza y exceso de maquillaje, ¿irían cantar o  a presentar a los grupos que cantan?

Al caminar por la calle ambas llamaban la atención y recibían chiflidos; cuando esto pasaba, Gigi se detenía y con una reverencia agradecía al “respetable público”, le decía “gracias público conocedor”. Y eso que aún no chupan, pensé.

En el bar fueron saludadas por el personal que trabajaba ahí con gran familiaridad y hasta efusividad, ellas pidieron que la mesa se ubicara en un punto específico del bar; bueno, de la terraza de éste, a la mitad, para ser precisos. Ordenamos tres chelas.

-Pues salud,  dice Gigi, levantando su cerveza.
-Salud dice Majo
-Salud, digo yo y hago lo mismo.

El trago de cerveza más inesperado de mi vida, el envase se sentía fresco, tirándole a frío, pero el contenido era tibio. No escupí porque me contuve, les hago saber que no hay manera de que yo beba eso, las noto un poco sacadas de onda. «No se preocupen, ahorita me arreglo con el mesero».

Le comenté al mesero que debido a mi origen foráneo era imposible que disfrutara de las cervezas a esa temperatura, que si me hacía un par de favores no se arrepentiría a la hora de la propina. Los favores eran que me las sirviera de diez en diez, y dentro de una cubeta llena de hielos.

Tuvimos un acuerdo y a partir de ese momento y durante toda la noche en nuestra mesa hubo cervezas frías. Creo que mi manera de solventar el problema estrechó el vínculo con estas chavas y a partir de ahí parecía que los tres hubiéramos sido amigos de tiempo atrás.

La velada transcurrió entre risas por las anécdotas románticas que me platicaban, todas tenían que ver con músicos, en ese momento ellas salían con un par de güeyes que tenían una banda que tocaba covers de heavy metal en diferentes bares de la ciudad y del Estado de México. Hablaban de ellos de manera ambivalente, es decir, por un lado les gustaban, les parecía sexy el hecho de que fueran músicos, pero en lo personal se burlaban de en donde vivían, de como vestían cuando no estaban caracterizados para tocar, y los describían como poco inteligentes, era como si supieran que había un precio que pagar por andar con treintones con ese estilo de vida y estaban dispuestas a pagarlo.

-Ahorita va a venir un güey que me anda tirando los perros, le vamos decir que eres mi primo Yeyo de Monterrey.
-¿Se va quedar tu amigo?
-No, pero de cualquier manera le decimos eso
-(¿?)

Una media hora después afuera del bar había cuatro tipos parados viendo hacia adentro, todos con algún instrumento, Gigi sale del bar, saluda a uno, se besan, se vuelve a meter al bar y nos dice que ese güey le gusta pero que tiene novia. Según lo que yo había entendido ella también, pero bueno, a mí que me importa.

El baño de hombres y el de mujeres eran dos puertas paralelas en el interior del bar. Había una pequeña fila y ahí me encuentro con Gigi, quien sin ningún tipo de discreción me dice que va a tirar el “miado”. Me seguían causando una gran curiosidad sus modales arrabaleros; en fin, cada quien pasó a su respectivo baño y nos encontramos nuevamente en la mesa.

A las tres de la mañana nos dan la indicación que van a cerrar, yo iba a pedir el favor de que me dejaran en mi hotel, al fin y al cabo no estaba tan lejos, tres kilómetros máximo, pero Gigi nos invita a tomarnos otras en su departamento, Josa está de acuerdo y yo también.

6.

En el trayecto al departamento Gigi se viene quejando de que su ex-novio le ha estado mandando mensajes toda la noche, también le había estado haciendo llamadas que ella no tomó, estaba segura de que andaba “coco”. Con curiosidad escuché que se trataba del dueño de algunos establecimientos en el Centro Joyero, que siempre andaba rodeado de guardaespaldas, que manejaba una camioneta blindada y que habían estado comprometidos para casarse, pero que Gigi le puso los cuernos con su actual novio, el músico, y él se enteró.

Rompieron el compromiso, pero dos meses después cuando el Joyero se emborrachaba, la buscaba, a veces buscando una reconciliación, a veces buscando una explicación, a veces buscando venganza.

Llegamos a un edificio pequeño, de unos tres pisos y Gina se estacionó afuera, no metió el carro porque mas tarde nos pasaría a dejar, además vivía en el primer piso y desde ahí le podía echar un ojo “al Mercedes”, como ella lo nombraba.

El departamento era amplio, con muebles nuevos, bien decorado y nos sentamos en la mesa del comedor, habíamos hecho una escala en el seven eleven a comprar cerveza. Brindamos por la naciente amistad y proseguimos con la charla de sus andanzas románticas, parecía que le dedicaban mucho tiempo y energía a este tema de los hombres. 

Intempestivamente tocan el timbre y la reacción de Gigi y Josa es de miedo, aseguran que es el Joyero; Josa le insiste en que no baje, pero por alguna razón que tiempo después entendí que tuvo que ver  con la histeria de nivel clínico de Gigi, ¿qué fue lo que hizo? ¡Bajar!

Me pidió que si llegaba a subir dijera que era el novio de Josa y no sé que tantas mentiras más, pero hasta una ocupación se había sacado de la manga para que me metiera en mi personaje. Sentí curiosidad por saber en clase de problema estaba metido y Josa me dijo que el Joyero era inestable, que lo mismo podía llegar con un pomo y pasarla bien o llegar a gritar por horas y echar a perder la fiesta.

-¿Es violento?
-No me consta, nunca lo he visto pelearse, pero tiene fama de que sí, que incluso trae “fusca”.
-¡Me lleva la chingada!

En esas andamos cuando escuchamos un grito de Gigi, seguido de unos golpes a la reja, yo supuse que él se quería meter, Gigi no lo pensaba dejar entrar, de hecho ni siquiera bajó con las llaves, las dejó  en la entrada. Le indico a Josa que le marque a la policía en chinga mientras yo bajo corriendo la escalera, lo primero que veo es a Gigi golpeada de la cara, ahí entendí qué fue lo que escuché.

El muy desgraciado metió las manos entre los barrotes de la puerta y la agarró, después la jaló contra la reja varias veces para hacerle daño. Él se estaba retirando y se subió a una camioneta Explorer roja, blindada.

Gigi insistía en que Josa bajara las llaves, Josa sube corriendo por las llaves, El Joyero avanza por la calle en su camioneta y justo a la mitad se detiene. ¡Las llaves!, Josa no encontraba las llaves, El Joyero comienza a avanzar a toda velocidad en reversa y choca el Mercedes Benz de Gigi.

-¡Mi Mercedes, hijo de tu puta madre, chingas a toda tu puta madre!

El tipo voltea y se burla de ella, viendo que no puede salir de su propio edificio. Avanza nuevamente hasta la mitad de la calle y repite lo de avanzar en reversa a toda velocidad y darle con todo al carro. La camioneta intacta, ni un rasguño. El Mercedes, deforme.

-¿Porqué con mi carro, perro desgraciado?, ¡chingas a tu pinche madre cada que respires!

Por fin se va, al menos eso parece, avanza por la misma calle pero ya no se detiene, dobla en la esquina. Yo trato de consolar a Gigi que esta descontrolada, Josa no encuentra las putas llaves, en eso se escucha que la camioneta avanza a toda velocidad.

Lo que hizo el güey fue darle la vuelta a la manzana, se escucha mas cerca, mas rápido y sí, ¡ahora le da un golpe por atrás al carro! Ya con este tercer golpe lo dejó realmente deforme. Gigi llora desconsolada, repitiendo un grito ahogadamente “mi Mercedes, mi Mercedes”.

-Pero me la va a pagar el hijo de su puta madre.

Josa baja por fin con las llaves y me las da. Abro la puerta del edificio y salimos, en ese momento me doy cuenta que sigo trayendo la cerveza en mi mano y le doy un trago mientras contemplamos los tres los destrozos al carro, lo que queda del carro sería un enunciado más apropiado. Una desgracia.

Un par de minutos después llegan un par de patrullas, eran las cinco de la mañana, aquello era un espectáculo caótico, no me estaba decepcionando la Ciudad de México, no esperaba menos, le doy otro trago a la cerveza y le doy mi versión de los hechos a un policía, las dos chavas hacen lo mismo con los otros dos policías.

Un policía le dice a Gigi que pudieron seguir por las cámaras la huida de la camioneta y que ya la habían detenido. El sujeto estaba dispuesto a pagar por los daños, pero había que ir a declarar al Ministerio Público para que pudieran llegar a oficializar un acuerdo.

Gigi le habla a un abogado por teléfono y esperamos con ella a que éste llegue, le pregunto de la forma mas delicada posible si no considera que mi presencia es innecesaria ya que va a haber un acuerdo, que no me gustaría terminar la noche en una delegación.

El abogado le dice que no tiene caso ni mi presencia, ni la de Josa porque todo estaba grabado en las cámaras de seguridad del edificio, y los vídeos eran evidencia suficiente. Me despido con un abrazo de Gigi, otro de Josa, sentí ganas de darle uno también al Mercedes pero me abstuve, pensé que era un  exceso  y caminé a buscar un taxi.

Al día siguiente, bueno, ese día más tarde iría a pasear a Coyoacán.

*Los nombres y algunas circunstancias fueron modificadas para proteger la identidad y privacidad de los involucrados
**Las ideas contenidas en este texto son responsabilidad de su autor y no reflejan la postura de News Report MX

Gabriel Zamora Paz (@DrGabboes Psicólogo por la UABC, Maestro en epistemología y doctor en Psicoanálisis Lacaniano.

Gabriel Zamora Paz

Cuenta con 20 años dedicado a la actividad clínica como psicoterapeuta primero, cómo psicoanalista desde hace 6 años y trabajó 6 años como académico en la UPN.

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